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Fue un abrazo de “presidentes”, entre el que lo llaman así con un inmenso respeto, no solo por lo que fue y significó en el mejor beisbol del planeta, sino porque aquí siempre fue recibido casi con honores presidenciales, deteniendo el pulso del país con el trazado de sus proezas, y el presidente de la República que impulsó a fondo la construcción de ese Estadio, aprovechando la iniciativa de Taiwán, la multiplicación de esfuerzos de la Alcaldía, algo fácilmente perceptible, y el trabajo combinado de la empresa mexicana Dynfra y el soporte vigoroso de profesionales y trabajadores pinoleros, merecedores de medalla a la eficacia. Por una noche, emocionalmente, Dennis Martínez debe haberse sentido más presidente que Daniel. ¡Qué importa eso! –puede haber pensado Daniel sonriente–. Es solo por una noche.

Lo más impresionante fue la conexión de imágenes. Algo no visto el 28 de julio de 1991 en Los Ángeles, después que Marquis Grissom realizó la atrapada sellando el juego perfecto. Dennis llorando en el video presentado en la pantalla del jardín central, abrazando la historia, y llorando levemente atragantado en la tribuna principal, al no poder contener las lágrimas mientras trataba de mirar tan largo como podía con sus ojos vidriosos.

En el juego de imágenes, estaba en el Dodger Stadium y también aquí, recibiendo un reconocimiento extraordinario: el nombre del nuevo Estadio, esa obra que de cara al futuro, supera nuestros sueños.

Perseverar es la clave

“Fui joven como ustedes, lleno de ambiciones trazando mis metas; caí varias veces, pero me levanté. Solo el que persevera se impone. Es lo que aprendí en la lucha por triunfar en esta vida. Eso depende de cada uno de nosotros.

Mi familia fue clave. No hay nada más estimulante que eso. Mi esposa, mis hijos, el legado de mis inolvidables padres. Estoy profundamente agradecido por el nombre puesto a este Estadio. No debe haber sido una fácil escogencia. Como siempre, los reconocimientos nos comprometen a ser mejores. Gracias señor presidente, y gracias a Dios quien guía nuestros pasos”, dijo Dennis entre los pasajes de su intervención antes de lanzar la primera bola.

Entraron al terreno, primero Daniel, después Rosario, Dennis y Luz Marina. Ese fue el orden, como diciendo casualmente “no nos enredemos”. El público, más de 15 mil, trataba de empinarse para no perderse detalle del primer lanzamiento en ese estupendo Estadio. Elián Rayo estaba detrás del plato, Cheslor Cuthbert con el bate y Dennis quitándose el molesto saco, nada útil en un montículo. Agitó sus brazos haciendo un poco de calistenia, los levantó en toda su longitud, y dibujó una curva sin secretos, lenta pero sobre el plato. Cheslor que la siguió muy bien, no le hizo swing. Gesto cortés obvio en una ceremonia de ese  nivel. “Con este lanzamiento perfecto, que ha hecho nuestro hermano Dennis, damos por inaugurado y están las puertas abiertas del Estadio Nacional Dennis Martínez”, cerró Daniel, mientras Martínez decía “esto es histórico”, pidiéndole inspiraciones a ese Estadio con una solemnidad conmovedora.