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Entre un aire suave de pausados giros, con claros clarines anunciando el advenimiento triunfal de un largo sueño por fin concretado, abrió sus puertas el nuevo Estadio Dennis Martínez, tomando el lugar del viejo coloso, como escenario de las futuras historia del rey de los deportes en el terruño, el beisbol. La Nicaragua de presente alentador, en paz, cantando el himno nacional no con vigores dispersos, esa que todos soñamos, ofreció una  muestra anoche en la inauguración de ese parque que nos parece un producto de la fantasía, no algo real, como lo es.

Todos fuimos uno

Cuando en la voz del nicaragüense más querido, Carlos Mejía Godoy, se escuchó “Nicaragua, Nicaragüita”, todos éramos uno, un puño en alto, un alma espoleada por el compromiso con la patria, un corazón azul y blanco latiendo. Podemos serlo siempre, no solo por una noche, utilizando la pasión por el beisbol como vehículo. Fue una gran noche. El estadio, la multitud, el reconocimiento a Dennis y más de 15 mil emocionados.  

Ceremonia inaugural para no olvidarla. ¡Qué momento, amigos! El ganador de Premio Nobel Octavio Paz, lo graficaría así: Silencio, la tierra va a dar luz a un estadio. Se escucha el pulso de un país. Asistimos a la brillantez del futuro. No se observaba ninguna diferencia en las tribunas. Todos éramos uno. Los de aquí y los de allá. La chavalada y los jubilados. Insisto, no solo ese inagotable amor por el beisbol nos debe unir, pero hay que aprovecharlo.

El estadio vibró

Qué bueno haber vivido esa experiencia tan necesaria de ser alargada. El primero en llegar del line-up titular en la mesa principal, fue el cardenal Obando, aún con suficiente energía, y cuando entró Dennis, se produjo una gran explosión, igual que cuando lo hizo Daniel. Al abrazarse, el estadio que fue llenado, vibró. Aquello era deporte puro y sentimiento país alrededor de una obra de gran significado, que reemplazaba a otra envejecida a lo largo de 69 años.

Otra señal de unidad, fue ver a las tres selecciones menores de peloteros y peloteritos nicaragüenses, y por supuesto a nuestro equipo y el de Taiwán que hoy inician una serie de tres juegos. ¿Pedirá Dennis la bola para realizar otro primer lanzamiento para satisfacción de una multitud que se volcó sobre las ventanillas de boletos con una agigantada ansiedad? Ellos se lo merecen. Ojalá pueda ser viable en otra noche de brillo y de paz.