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Napoleón “Arena Blanca” Romero es el único sobreviviente de la Selección de Beisbol de Nicaragua que inauguró el Estadio Nacional en 1948. A sus 92 años, sin la vitalidad de la juventud cuando cogía roletazos en las paradas cortas, el reloj de la vida le ha permitido a Romero ser parte de la historia nuevamente con el estreno del nuevo coloso Dennis Martínez.

Ayer, sentado en una de las butacas exclusivas para invitados especiales, detrás de la mesa central donde dirigió la ceremonia de inauguración el presidente Daniel Ortega junto a Dennis; Romero sintió la misma emoción que el 20 de noviembre de 1948. La piel se le erizó, su corazón empezó a latir rápido y confiesa que retuvo las lágrimas de la emoción. “Me dieron ganas de estar allí en el terreno”, explica Romero, a quien le cuesta un poco articular sus palabras.

Ortega con micrófono en mano, presenta uno a uno a los invitados que asistieron a la inauguración. Cuando llegó el turno de nombrar a “Arena Blanca”, un rugido del público acompañado de un aplauso se escuchó en todo el estadio. Esos gritos de júbilo eran de reconocimiento para el único pelotero testigo de la inauguración de 1948 y que ayer vivió otra noche memorable que quedará guardada en el disco duro de su mente.

“Sentí ganas de llorar cuando escuché a la gente. Esta inauguración fue mejor que la de 1948, este estadio es algo fantástico”, afirma Romero, quien seguramente se hubiese metido en el terreno a capturar un roletazo si su cuerpo lo permitiera. Finalizada esta entrevista, su hija Cecilia Romero contó que su padre no pudo dormir la noche anterior por la expectativa que tenía de ser parte de la historia, nuevamente.