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En las horas previas al primer juego en el Estadio Nacional Dennis Martínez, los jugadores de la selección nicaragüense fueron presas de una emoción sin límites. Sus rostros dejaban en evidencia la felicidad de estar escribiendo un capítulo sin igual en la historia del beisbol nicaragüense y sus corazones saltaban inquietamente como queriendo salir de sus pechos a causa del entusiasmo de ser los primeros en defender el uniforme azul y blanco en la infraestructura deportiva más importante del país. 

Pasado el mediodía, mientras los aficionados empezaban a aproximarse al nuevo palacio del beisbol nacional para ser parte de una jornada histórica, los jugadores del combinado nacional entrenaban en el interior del coloso con tal exigencia que podía notarse el nivel de su compromiso con el público y con la trascendencia del encuentro que horas después jugarían con el seleccionado taiwanés.

Como en Grandes Ligas

Tras completar el tiempo de entrenamiento, los muchachos del mánager Julio Sánchez se dirigieron al vestuario y al entrar volvieron a sentirse como en un estadio de Grandes Ligas. Vestidos de short y camiseta azul, los jugadores se tomaron unos minutos para descansar en la moderna instalación, y no era para menos, pues la elegancia de dichos vestidores era una tentadora invitación a quedarse reposando por la eternidad.

La comodidad de los acolchonados sillones café oscuro, la delicadeza de la alfombra gris y la perfecta iluminación de las modernas lámparas hacían que aquel lugar luciera como un escenario propicio no solo para descansar, sino para alcanzar un alto nivel de concentración. 

Fue eso lo que hizo cada jugador sentado frente al locker donde estaba guindado el uniforme que vestiría en la histórica noche de la inauguración, tomarse un tiempo para percatarse de que estaba tan cerca de ser parte de un hecho memorable para el país. Veteranos como Renato Morales y chavalos como Omar Obregón fueron vistos tan concentrados, que parecían inalterables.

“Estoy consciente de que este es un hecho sin precedentes y también de mi responsabilidad como primer bateador de esta selección que está haciendo historia. Para mí es un privilegio ser parte del combinado que jugará por primera vez en esta inmensa construcción”, dijo Obregón, quien horas después se convirtió en el primer pinolero en tener un turno al bate en el nuevo Dennis Martínez.

“Estoy agradecido con la oportunidad que me han dado. Ser de los primeros en jugar en esta infraestructura tan moderna es un sueño hecho realidad”, dijo Morales, añadiendo luego que “verdaderamente la nueva casa de nuestro beisbol es impresionante”.

Por su parte, Carlos Teller, el encargado de abrir el duelo de hoy, manifestó que “este es sin lugar a dudas un día grandioso, no solo para los jugadores, sino para todos los aficionados. Este estadio lo tiene todo, es realmente impresionante”.

Casi setenta años después de la inauguración del viejo estadio Dennis Martínez, una selección nacional, cobijada por el entusiasmo de un pueblo hecho de “vigor y de gloria”, volvió a ser protagonista de la apertura de otro parque de pelotas. Sin discusión alguna, la de ayer fue una jornada memorable.