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Dennis Martínez salió del dogout de la selección nicaragüense y tan pronto su espigada figura pudo observarse, el bullicio proveniente de las tribunas estremeció los cimientos del nuevo Estadio Nacional. Alzó las manos en señal de saludo como suelen hacer los presidentes y la multitud congregada en el nuevo palacio del beisbol pinolero le respondió con sonoros aplausos y gritos de júbilo. 

Avanzó con determinación hacia el montículo, como acostumbraba hacerlo cuando lanzaba en Grandes Ligas, se armó de guante y pelota y subió a la loma, como decidido a lanzar otro juego perfecto. Pero esta vez no necesitó de nueve episodios inmaculados para tocar la gloria, bastó una recta de considerable velocidad para coronar una noche para él perfecta. El bateador Sandor Guido se quedó paralizado ante el envío que fue bien atrapado por el cácher Janior Montes.  Dennis celebró su lanzamiento y la multitud que lo admira como héroe lo ovacionó sin límites.

De pronto, la mirada del latino más ganador de todos los tiempos se enfocó en la gigantesca pantalla ubicada atrás del jardín central y seguro sintió quebrarse de la emoción. El video del out 27 de su obra maestra ante los Dodgers de Los Ángeles estaba siendo proyectado. Él no pudo contenerse y tampoco la afición, aquello fue como regresar en el tiempo y vivir esa noche memorable. Dennis volvió a vivirla y quizá no quería dejar de hacerlo, seguro se sentía “volando”, como dijera la noche anterior.

Doble ceremonia

Antes de la aparición de Dennis y luego de que aproximadamente 17 trabajadores del estadio quitaran la lona que cubrió de la lluvia el terreno de juego, las selecciones de Nicaragua y Taiwán fueron llamadas a salir de los dog-out. Tras una breve ceremonia, todo parecía estar listo para que iniciara el encuentro, sin embargo, la lluvia retornó y no se pudo comenzar el partido. 

Tras varios minutos de lluvia, se realizó una segunda ceremonia muy emotiva que incluyó el lanzamiento de la primera bola, la entonada de los Himnos Nacionales y la presentación de un video en el que el legendario Jim Palmer y el comisionado de Grandes Ligas, Rob Manfred, se dirigían con palabras de admiración al primer latino en forjar un juego perfecto en la historia de las Grandes Ligas.

De pronto, el apagón

Una vez finalizada la segunda ceremonia, los peloteros nicaragüenses, elegantemente vestidos con sus uniformes azul y blanco, salieron al terreno de juego. Este fue otro momento en el que el público se hizo sentir. 

Tras varios lanzamientos de calentamiento, Wilton López, empezó su faena monticular. Retiró a los dos primeros bateadores con gran autoridad, pero, de pronto, sucedió que cuatro luminarias dejaron de funcionar, tres del costado izquierdo y una del lado derecho. Esto obligó a que detuvieran el encuentro. El reloj marcaba las 7:25 de la noche.
Diecisiete minutos después, las luminarias volvieron a mostrar su brillo y todos en el estadio volvieron a vivir. 

Afición indeclinable

Ni la lluvia, ni el apagón, ni el retraso en el inicio del juego fueron capaces de apagar la algarabía de un público que correspondió a la magnitud del evento. Los gritos y los aplausos fueron una constante en el partido inaugural del nuevo Estadio Nacional Dennis Martínez, que ayer se vistió de azul y blanco en todos sus rincones. La alegría de los niños y el entusiasmo de los adultos fueron parte fundamental de una noche que será recordada por siempre.

Por segundo día consecutivo, “El Presidente” volvió a estremecer al país.