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Derrotados por los Astros 4-0 en el séptimo duelo por el banderín de la Liga Americana 2017, los Yanquis no pueden llorar, ni sentirse frustrados pese a estar en ventaja 3-2 después de cinco batallas, volteando con cierta espectacularidad ese 0-2 adverso que también parecía condenatorio frente a los Indios. No se suponía que los Yanquis caminaran tan largo, ni que clasificando como “comodín”, superaran a dos equipos ganadores de 100 juegos. La noche del sábado, ellos estaban más allá de todo lo previsto al ponerse en marcha la temporada. La mayoría de revistas especializadas, los colocaron como cuartos en el Este de la Liga Americana, y unas pocas, como terceros. 

Ni siquiera publicaciones de Nueva York como el Post y el Times, los miraban con vida en la postemporada, pese a la sospecha que los jóvenes Gary Sánchez, segundo en la votación para novato del año en el 2016, apareciendo apenas en 53 juegos disparando 20 jonrones, Aaron Judge diagnosticado “ojo con él” en lo que sería su primera temporada completa; y Luis Severino, con un balance preocupante de 3-8 y 5.53 en carreras limpias después de haber enviado señales alentadoras en el 2015, siendo un chavalo, podrían proporcionar, como efectivamente lo hicieron, grandes aportes con llamativas cifras. No, estos Yanquis “modelo 2017” no tenían cara de avanzar a la postemporada.

Falló lo mejor, El Bullpen

Pero contra pronósticos, lo lograron, con Judge y Sánchez tronando y Severino apretando tuercas; con el veterano Sabathia reconstruido, con la recuperación a tiempo de Greg Bird, el crecimiento de Didi Gregorius, y lo que fue capaz de hacer Sterling Castro; con el fortalecimiento de un bullpen que tenía a Chapman y Betances, adquiriendo a Robertson y Kahnle de los Medias Blancas. No, este no era un equipo tan temido como los Yanquis del 27, del 61 o del 77, ni tan compacto como el de los años 2003 y 2004, pero tenía la capacidad suficiente para fajarse por encima de la montaña de ponches, su peor pecado, no poner la bola en juego para conseguir movimientos urgentemente necesarios hacia delante. Judge parecía pretender poncharse en cada turno y Gregorius de fue de 4-0, con cuatro “kaes” en el último juego. En total, se poncharon 70 veces.

Tres grandes fallas, todas de lo mejor que el equipo de Girardi tiene, como lo es su bullpen casi macabro. Eso impidió que los Yanquis avanzaran a la Serie Mundial, abriéndose paso entre los múltiples peligros de los siete reinos que son graficados en “Juego de Tronos”: el de Chapman en el segundo juego, sangrante, pero menos estrepitoso que los de Robertson en el sexto duelo y Kahnle en el séptimo. ¿Cómo fue posible que fallaran los tres? Cierto, en Houston el equipo yanqui fue una nulidad al bate. Tres carreras en cuatro juegos, te condenan. No hay manera de ganar así. Ni los Orioles de 1966 hubieran podido lograrlo. Los Astros registraron menor promedio .187 por .205, pero no se poncharon esas 70 veces, solo 45, y dispararon 6 jonrones por 4. Además, tuvieron a Verlander, el verdadero factor desequilibrante. 

Se quedaron en la orilla de la Serie Mundial estos Yanquis milagrosos, pero no deben llorar. Nadie los consideró capaces de avanzar tan largo. Houston se lo merece, es mejor equipo y creo pueden derrotar a los Dodgers, pero los Yanquis pueden estar tranquilos: fueron más allá.