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A Wilmer Hernández se le ha reconocido como un preparador físico excepcional, capaz de sacarle lo mejor a los boxeadores para que estos tiren golpes durante 12 rounds, aguanten castigo y dispongan del suficiente oxígeno con el fin de  superar los momentos más duros de un combate, pero es justo y necesario que en este momento también se le reconozca como adiestrador. 

Después de estar durante varios años a la par de Arnulfo Obando, dirigiendo al mejor boxeador del mundo, Román “Chocolatito” González, luego tomando el mando de la esquina del tetracampeón, y ahora entrenando a pugilistas como Cristofer González y el excampeón mundial Byron “Gallito” Rojas, son suficientes argumentos para quitarle esa etiqueta de “preparador físico”. Wilmer Hernández.

Wilmer es un entrenador, en proceso de evolución sí, pero es un adiestrador. Obviamente le faltan muchos años por recorrer, pero ese camino lo pasaron todos, incluso los más reconocidos hasta ganar la experiencia necesaria. La particularidad y la diferencia que tiene Hernández respecto a los demás es que es un entrenador que siente más de cerca al boxeador, tiene más empatía y vive en carne propia los sacrificios.

Hernández no solo dirige en una esquina, sino también mascotea, se encarga de la preparación física, y además hace el esfuerzo de vivir y sentir lo que hacen los boxeadores. Recuerdo que cuando fui al campamento en Big Bear, California, donde entrenaba Román en el 2016, vi el monumental sacrificio que hacía y sigue haciendo Wilmer al levantarse a correr con el boxeador en la madrugada, trabajando en lo físico por la tarde y haciendo ajustes en la velocidad con la mascota, una de sus especialidades.

Después de escucharlo y verlo dirigir junto a Róger González al muchacho Cristofer González, no tengo la menor duda de que Wilmer se ha establecido como un entrenador confiable, en proceso de crecimiento. No olvidemos que Hernández fue el entrenador de cabecera de Román en su primera derrota con el tailandés Srisaket Sor Rungvisai. Desafortunadamente el robo que hicieron los tres jueces, salpicaron a Wilmer, pues en las derrotas las críticas siempre abundan, pero en las victorias los méritos son pocos para el encargado de la esquina. 

“Estoy en mi mejor momento como entrenador, no sé por qué mucha gente insiste en etiquetarme como preparador físico, siempre he sido entrenador de boxeo, no tengo culpa de haber aprendido otras cosas de física”, me dijo Wilmer ayer durante una conversación que sostuvimos en el gimnasio Róger Deshon, donde no quiso llevarse todo el mérito de la victoria de Cristofer en Italia, compartiéndolo con Róger González. “Somos un equipo”, agregó.