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Lo imposible fue posible y varias veces. Los Astros de Houston, con un jonrón de dos carreras de George Springer, lograron una victoria por 7-6, que parecía improbable a la altura del octavo inning, con los Dodgers en ventaja 3-1. La multitud en el Estadio de Los Ángeles quedó finalmente noqueada por ese batazo en el inning 11 con Maybin circulando. Era el cuarto trancazo de los Astros en los últimos tres innings y neutralizó la estocada de Charlie Culberson a las graderías centrales en el cierre, para recortar la diferencia y mantener latiendo la amenaza, con Yasiel Puig al bate. 

Esa multitud que previamente fue golpeada en la mandíbula por el jonrón de González en el noveno nivelando la pizarra 3-3, y se sintió destruida por los vuelacercas disparados consecutivamente por José Altuve y Carlos Correa en el décimo, adelantando a los Astros 5-3, se vio súbitamente catapultada hacia la montaña de las ilusiones con el jonrón de Puig en el cierre, y el hit impulsador de Kike Hernández, llevando al plato en electrizante aterrizaje a Forsythe, superando un gran tiro desde el bosque derecho. El juego estaba nuevamente empatado 5-5, pero los Astros tenían más que ofrecer: el hit de Maybin, un robo y el jonrón de Springer. Con el marcador 7-5, el jonrón de Culberson contra Devenski, volvió a darle vida a los Dodgers, pero Puig se ponchó dos veces, terminando con el suspenso, que anoche, cobró horas extras. 

Sencillamente increíble

Ha sido un resurgir espectacular el de los Astros. Ellos salvaron la Serie Mundial. La fanaticada de los Dodgers, sufrió un trastorno postraumático de estrés mientras veía cómo el bateo de Houston, enfurecido a última hora, golpeando incluso a Kenley Jansen, arrebataban con cuatro vuelacercas en tres entradas, un juego que parecía confiscado. La primera victoria de los Astros en Series Mundiales, estuvo revestida de un intenso dramatismo, un drama apropiado para ser escrito por Víctor Hugo. Fue algo difícil de creer, pero el beisbol es así. Nunca está todo escrito. 

Rich Hill abrió el juego con un boleto a Springer, pero entró en control rápidamente anulando a Bregman, Altuve y Correa, parte de la banda de guerra de los Astros. Fue autoritario en el segundo inning con dos ponches, pero en el tercero, se le movió el piso: infield hit de Reddick, sacrificio de Verlander y hits seguidos de Springer y Bregman, adelantaron a Houston 1-0. Una imprudencia de Taylor en el jardín central buscando la atrapada improbable sobre el batazo de Bregman, no tuvo que pagar un alto precio por la oportuna asistencia de Pederson, evitando una segunda carrera. Los ponches de Hill a esos cartuchos de dinamita que son Altuve y Correa, le permitieron alcanzar su máxima elevación en un momento de mayúscula importancia. Hill continuó trabajando el cero del cuarto y con siete ponches, fue retirado por el mánager Roberts, quien llamó a Kenta Maeda.

Doble susto a Verlander

En la otra colina, Verlander, un ganador de 9 juegos sin perder desde que llegó a los Astros el 31 de agosto, estaba a punto de completar cinco entradas sin hit en defensa del estrecho 1-0, cuando fue sacudido por el jonrón de Joc Pederson por encima de la pared del bosque central, equilibrando la pizarra 1-1. Sin alardear, después de ponchar a cuatro en los dos primeros episodios, Verlander avanzaba con seguridad. No pareció alterarse con el primer boleto que le otorgó a Taylor en el cuarto, ni percatarse de la pérdida de bola de Correa en la búsqueda de un viable doble play. Hasta que su cuello se torció para ver volar la pelota catapultada por el swing de Pederson. Los Dodgers no le dieron tiempo de restaurarse emocionalmente a Verlander. Con dos outs, después de otro boleto a Taylor, el jonrón de Corey Seager a las tribunas del sector izquierdo en los bosques, estableció una diferencia de dos carreras 3-1, con el bullpen dodger, lleno de dragones, listo para apretar tuercas.

Los de Houston no tiraron la toalla y en el octavo, se acercaron 3-2 aprovechando el doblete abridor de Bregman contra Brandon Morrow. Se encendieron las alarmas y el timonel Roberts decidió utilizar su factor de seguridad, Kenley Jansen, quien no escapó al hit impulsador de Correa, después que Altuve con roletazo, llevó a Bregman a la tercera base. No hubo más. Gourriel y McCann fueron dominados y Correa quedó estacionado. Nunca digas que todo está escrito. El jonrón de González en el noveno empató el juego 3-3, y los disparados por Altuve y Correa en el décimo, proporcionaron ventaja 5-3. Los Dodgers equilibraron 5-5, solo para quedar atrás 7-5 en el inning once, y morir 7-6 después del jonrón de Culberson, al poncharse Puig.