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¿El mejor juego de una Serie Mundial? Eso está abierto a múltiples discusiones. La carrera de Slaughter en 1946, el jonrón de Mazerowski en 1960, el duelo Morris-Smoltz en 1991, el hit de Luis González contra Mariano en el 2001. Sí, el juego 2 de esta Serie es el de cierre más huracanado, con seis jonrones en las últimas tres entradas y Puig al bate con otra posibilidad de estirar el suspenso. No, no lo olvidaremos. Es más nos hizo sentirnos en una olla de presión. Estamos sin uñas, los pelos permanecen erizados. La cifra récord de 8 jonrones, resplandece, así como el total de 11, amenazando la marca de 21 establecida por Gigantes y Angelinos en el 2002.

Solo Kershaw es cierto

El ¿qué nos espera después del 1-1? es algo que todos quisiéramos saber, pero por ahora, la única certeza ha sido Clayton Kershaw, con balance de 3-0 en la postemporada, luciendo invencible, quien forzado por las exigencias, podría ser un abridor de tres juegos, como en los viejos tiempos. Recordemos que atravesando las Series de 1964, 1967 y 1968, Bob Gibson de los Cardenales, abriendo tres veces en cada uno de esos Clásicos, logró siete victorias consecutivas completando ocho juegos, aprovechando ese tránsito para tumbar a Koufax y fijar en 17 la marca de ponches, todavía inalterable.

Colocando a Kershaw a un lado, nada ha sido cierto. Lanzando para solo dos hits en siete entradas, casi sales derrotado como le ocurrió a Justin Verlander, porque esos dos imparables fueron vuelacercas; de pronto, Kenley Jensen no es el mejor pícher imaginable para salvar un juego y sale con su brazo deshilachado; nunca subestimes a Charlie Culberson, él puede golpearte, con un jonrón reactiva lo intrigante; no creas que Yulieski Gourriel es el más difícil de ponchar entre los Astros como lo indican las estadísticas de la temporada; descubres que Dallas Keuchel no es tan temible.

¿En quién confiar?

Aquí están dos equipos ganadores de más de 100 juegos, rechinando sus dientes, con alineaciones capaces de demoler a batazos el Coliseo romano, con capacidad para sostener la excitación noche tras noche, saltando de un 3-1 favorable a los Dodgers, a un 7-6 impuesto por los Astros. Una Serie que todos deseamos se extienda a siete juegos, con el último resultado en el aire hasta la última pitcheada. Los Astros batean para 233 puntos y los Dodgers 172. El desfile de tiradores a veces se parece al de fin de año en Disney. No hay en quién confiar frente a la multiplicación de peligros.

El pitcheo de sangre fría del japonés Yu Darvish por los Dodgers, oponiéndose al retorcido y controlado que ofrece Lance McCullers. Se necesita mucho coraje para estar ahí, frente a esos bateadores que a veces parecen salir de la nada, convirtiéndose en dinosaurios. Hasta hoy, solo Kershaw ha sido una certeza, los otros, están bajo sospecha. Coexistiendo con la inseguridad, llegamos esta noche al tercer juego de una Serie Mundial con despegue espectacular. Traten de garantizar estar bien sujetados en sus butacas y ser ágiles, porque las bolas pueden salir de las pantallas como proyectiles hacia nosotros.