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Nicaragua es un país con escasos deportistas de alto rendimiento, de esos que dejan no pisadas; sino huellas en nuestra memoria; porque los triunfos se componen de varios factores: talento, constancia, esfuerzo, dedicación y disciplina para poder enfrentar los grandes retos que el deporte demanda, y el beisbolista primera base, Sandor Guido, ha vencido esas batallas. Eso es signo de grandeza,  y por eso, merece respeto.

Recorrer más de una docena de países en 19 torneos internacionales durante 15 años, incluyendo Mundiales, Panamericanos, Juegos Centroamericanos y del Caribe, Preolímpicos, entre otros; vistiendo el uniforme azul y blanco de nuestra querida Selección Nacional, es sinónimo de tenacidad y una gran fuerza de voluntad, que lo convierte  en el ejemplo para los sucesores, al combinar ser un atleta destacado y estudiante universitario a la vez.

Todo parecía indicar que su carrera terminaba en aquel fatídico accidente automovilístico carretera León-Poneloya, donde casi pierde una pierna y la vida misma, producto de malas decisiones que lo tenían sin zona de strike en su vida. Caer es fácil, levantarse es lo difícil; pero su vida dio un giro de 180 grados. Hoy es parte de la historia de nuestro beisbol nacional; como un beisbolista de gran notoriedad, logró su carrera profesional –Médico Odontólogo- y formó una familia estable.

Sandor ha logrado formar parte de un selecto grupo de peloteros nacionales con 23 temporadas en nuestro beisbol nacional, además ser dueño de una defensiva impresionante y caudillaje dentro de cualquier conjunto, sumado a su habilidad natural en el manejo del infield, lo convierten en un jugador de admirable trayectoria con un mérito indiscutible. Desde temprana edad entendió que tenía talento y eso significaba no recibir algo, sino dar algo ,y de qué manera lo entregó en el terreno de juego.

Con tan solo 11 añitos daba pasos agigantados en el beisbol menor en su nativa ciudad metropolitana y cinco años más tarde, siendo un adolescente de 16 años su talento fue más poderoso que sus miedos y lo supo combinar con la pasión de jugar beisbol, al debutar con el emblemático equipo  León. Recuerdo nítidamente ese momento al estudiante de secundaria que se cambió el uniforme de pelotero para empezar a escribir su propia historia en el beisbol nacional.

Su pretensión, la que compartió públicamente, era retirarse este año de la Selección Nacional, jugar su última temporada de pelota profesional (Ha contribuido en la conformación de los Leones de León en esta temporada) y quizás 2018 su último Pomares para dedicarse a otras actividades como establecer su clínica, una Academia de beisbol infantil y dirigir la pelota nacional, sin lugar a dudas una gran visión.

Los años pasan y Sandor está claro de eso….como diría el romano Marco Aurelio “el tiempo es un río de acontecimientos, una corriente impetuosa”, despedirse en los Juegos Centroamericanos -Managua 2017-, de la Selección Nacional era su deseo, pero tuvo un out forzado; eso sí , se va con el conteo a su favor, porque el juego no solo le dio grandes satisfacciones como atleta, sino la influencia para impactar a los niños y jóvenes de forma positiva demostrándoles que  los sueños se  pueden lograr con esfuerzo y perseverancia. Quien fuese el Capitán de nuestra Selección por muchos años, algún día tenía que retirarse, pero no con un ostracismo absoluto…...Así no se vale.

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