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La química ha desaparecido y el laboratorio del Milán se encuentra en ruinas. A la derrota con el Catania por 2-1 en la Copa Italia, hay que agregar la sufrida ayer frente al Inter también por 2-1. El equipo de Ancelotti, ganador de la Champions y del Mundial de clubes, limitado a 18 puntos en 14 juegos, parece una caricatura difícil de identificar.

El gol de tiro libre logrado por Andrea Pirlo a los 18 minutos, que colocó al Milán en ventaja 1-0 asustando al Inter, líder invicto de la Liga italiana, pareció significar el encendido de la luz verde en el semáforo que se encuentra en la entrada al paraíso.

Pero el Milán no entró. Una jugada de geometría enloquecedora, trazada por un inspirado Julio Cruz a los 36 minutos, equilibró la pizarra, revitalizó al Inter y permitió darle un giro definitivo al marcador cuando un taponazo zurdo del argentino Esteban Cambiasso, se burló del aturdido Dida con un deslizamiento súbito.

El Inter ofreció una demostración próxima a lo impecable, sobre cómo neutralizar la capacidad para maniobrar, fluidez creativa y constante presencia cañoneando del brasileño Kaká.

Apartando unas tres o cuatro gestiones, Kaká no apareció en el radar durante la mayor parte del juego. Con su progresión recortada, sin poder retener el suficiente tiempo la pelota, afectado por los anticipos, batallando con un sólido bloqueo, Kaká en las postrimerías, después de entregarle una pelota con posibilidad de gol a Pirlo, realizó un peligroso disparo de zurda resuelto brillantemente por Julio César.

¡Que bien funcionó la defensa escalonada del Inter para quitarle impulso a un Milán!, que después del gol de Pirlo, un disparo que pasó zumbando encima de la barrera para incrustarse en el ángulo superior derecho de la cabaña azul, dio la impresión de estar en ruta hacia un gran crecimiento.

La respuesta de Julio Cruz a los 36 minutos fue producto de la mezcla apropiada de control muscular con claridad mental y frialdad. El flexible e imprevisible argentino recibió desde el sector derecho y entró saltando sobre hachazos y machetazos. Frustrando el cierre que intentaban tres hombres, hizo funcionar su zurda con poder y precisión, metiendo la pelota contra el poste derecho de Dida, estableciendo el 1-1.

Y a los 63, con el Milán tratando de restaurarse como lo fue el David de Miguel Ángel, el gol finalmente matador de Cambiasso. El incansable Julio Cruz envió un centro desde la izquierda en busca de cualquiera de las cabezas azules, pero fue la cabeza roja de Maldini la que interceptó la pelota y raramente, la empujó hacia el centro.

Cambiasso, anticipándose, hizo su aparición rematando con zurda, golpeando el balón con la parte externa del botín. Dida fue hacia su izquierda y el balón se deslizó como un slider hacia su derecha. Ese balazo decidió el juego.

Algo más, el clásico del fútbol italiano ofreció mejor fútbol y más goles que el español.