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Para pronosticar, se miran los nombres, se revisan las estadísticas, se intenta calibrar los talentos, se utilizan los antecedentes, se mide el momento, y se observa el nivel de crecimiento que puedan alcanzar los beligerantes. ¡Olvídenlo!, todo eso no sirve para mirar un centímetro adelante entre Astros y Dodgers. No hay forma de manejar los imprevistos. Nada parece ser cierto, ni que Clayton Kershaw es el mejor pitcher del beisbol. Ya vieron lo que le ocurrió en el quinto juego: le arrancaron su brazo zurdo, tan majestuoso e invencible en esta postemporada, incluyendo el primer juego de la Serie Mundial. Si desapareció ese Kershaw el domingo, lo único seguro en éste Clásico de octubre del 2017, es la inseguridad, como diría Tyrion Lannister, el astuto enano de Juego de Tronos.

Las certezas engañan

¿Quién mejor entre Justin Verlander y Rich Hill? Ah, eso debería ser fácil haciendo la revisión completa de todo lo expuesto: Verlander por supuesto, ocho veces ganador de más de 15 juegos, cifra nunca alcanzada por Hill, dueño de un Cy Young (24-5, 2.40 y 250 ponches en el 2011), dos veces segundo lugar y otra tercero en las votaciones; uno de los raros pitcheres con el título de Más Valioso, y sobre todo, invicto desde que llegó a Houston el 31de agosto, con balance de 5-0 en septiembre y 4-0 en los Play Offs derrotando dos veces a los Medias Rojas y dos a los Yanquis. Incluso, su salida previa frente a los Dodgers, fue de solo 2 hits permitidos en 6 entradas, pero esos dos batazos fueron jonrones, dejándolo contra las cuerdas, pero logrando escapar a lo que parecía ser un inminente revés. 

Así que no hay manera de confiar más en Hill (50-36 de por vida en 13 años, con 12 victorias como máximo en el 2016 y 2017), un zurdo de lanzamientos retorcidos, todavía sin decisión en tres aperturas durante esta postemporada. Naturalmente, Hill no puede ser subestimado, pero tampoco sobrevalorado. El sigue abrazado al recuerdo brillante de su aproximación al No Hitter el 10 de septiembre del 2016, trabajando frente a los Marlins sin Giancarlo Stanton en la alineación. El manager Dave Roberts nunca encontró forma de explicar ¿por qué lo sacó de escena intentando una proeza? Al momento de compararlo con Verlander, es obvio que salta a la vista la superioridad del abridor de los Astros.  Pero ¿es Verlander más pitcher que Kershaw, un ganador de tres Cy Young? No lo era Don Larsen de los Yanquis, aquella tarde del 8 de octubre de 1956, superando con un trabajo perfecto a Sal Maglie de los Dodgers.

El mundo de lo imprevisto

Estamos viendo una Serie en que las pelotas parecen tener un conejo adentro, como decía Peter Gammons en 1998, mientras Sosa y McGwire estremecían el beisbol disparando jonrones. Se ha establecido una nueva marca de 22 jonrones, dejando atrás los 21 truenos que produjeron Gigantes y Angelinos en el 2002, y Yasiel Puig, se sorprende a sí mismo, volándose la cerca con un swing que terminó su desarrollo con un brazo. Ningún bateador se ve pequeño, cada sonido de madera y cuero, es un estallido altera nervios. Uno cierra los ojos y no imagina adónde irá a parar la pelota.

Kenley Jansen era el más mortífero de los rematadores, hasta que sus lanzamientos fueron vistos como postres. Una Serie con un caso raro, como es el de Kiké Hernández, a veces en el banco de los Dodgers, en otras colocado como noveno bate, y hasta apareciendo de cuarto en la alineación.

Un cuarto bate recibiendo orden de tocar pelota con corredor en posición anotadora sin out, y finalmente, retirado por un emergente, es algo que he tratado de entender inútilmente, a pesar que mi cabeza es casi redonda aunque no vino en caja cuadrada. Una serie en la que ninguna ventaja es tranquilizante. Así que, aunque parece fácil inclinarse por los Astros con Verlander en la colina, he decidido cruzar los dedos y esperar lo que ocurra, como lo haría Yogi Berra.