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Una Serie Mundial enloquecedora y cautivante terminó. Triunfando 5-1, los Astros han conseguido el primer banderín de su historia, y se lo merecen. Su cuestionado bullpen, fortalecido con la incorporación de abridores como Peacock y Morton, supo resistir las amenazas constantes de los Dodgers, para no malograr la sorprendente ventaja de 5-0 conseguida en las dos primeras entradas al ritmo de George Springer, mientras las encendidas ilusiones de una multitud que se sentía vacunada contra cualquier tipo de pesadilla, fueron tijereteadas en ese inicio insospechado, cuando los Astros atacaron con premeditación y alevosía a Yu Darvish.

Se hundió Darvish

Esa desventaja de 0-5 pesaba una tonelada exigiendo un rápido y mayúsculo crecimiento del bateo dodger para intentar una remontada de ribetes espectaculares. No era para un derrumbe así, que se consiguió a Yu Darvish de Texas cuando Kershaw se encontraba en recuperación. El japonés parecía ofrecer suficiente seguridad como abridor del séptimo juego, pese a ser el perdedor en el tercero. El mánager Roberts nunca dudó que se trataba del pitcher apropiado para el duelo cumbre y descartó utilizar a Alex Wood, con superiores cifras a Darvish, quizás por cuestión de nombre más grueso. No funcionó. Darvish se hundió y los Dodgers nunca lograron salir del acorralamiento contra las cuerdas por no poder contragolpear. En cinco de las seis primeras entradas, los Dodgers ejercieron una intensa presión sobre pitcheo de mil brazos de los Astros, pero solo consiguieron una carrera por el hit impulsador de André Ethier en el sexto.

El doble abridor de juego del incontrolable Springer, no incomodó tanto a Darvish, como perder un out por tiro desviado de Bellinger, que se le escapó asistiendo la primera base, facilitando la anotación de Springer y colocando a Bregman en posición anotadora. El audaz robo de tercera, hizo productivo el roletazo de Altuve. Casi antes de venderse el primer hot dog, los Astros estaban en ventaja 2-0, aunque conscientes que el pitcheo de McCullers no era algo seguro, esperando sí, que ese apoyo, le inyectara la necesaria confianza. Los Dodgers dejaron las bases llenas en el primer inning, mientras los Astros continuaban su arremetida en el segundo explotando a Darvish. Boleto a McCann y doblete de González y un roletazo, le dieron forma a la tercera carrera. El quinto jonrón de Springer, cifra grande en Series Mundiales, impulsando dos más, estiró 5-0 la ventaja de los Astros, no definitiva en ese momento pero de enorme significado.

Imposible salir del hoyo

No puedes remontar cuando dejas a tantos circulando en espera del batazo oportuno. Antes de salir sin permitir carrera, McCullers golpeó a cuatro y permitió tres hits en solo dos entradas y dos tercios. En el cierre del tercero, el curvista no bien orientado, fue atacado por hit de Seager, y golpeando por segunda vez a Turner, vio crecer otra amenaza de los Dodgers, desvanecida con el segundo ponche al oscurecido Bellinger, out importante que no impidió el mánager Hinch se lo llevara, para utilizar el relevo efectivo de Peacock, dominando a Puig y ponchando a Pederson. Aunque temprano para pensar que el partido estaba sentenciado, poco a poco, hasta llegar al trabajo de Charlie Morton, quien pese a permitir la única carrera de los Dodgers por hit productor del emergente Ethier, cerró el juego amordazando a los bateadores del equipo azul.

No solo era un juego lo que se perdió, sino el sueño de los Dodgers de regresar al trono del beisbol después de 29 años de haber celebrado el triunfo sobre los Atléticos en 1988, con el jonrón de Kirk Gibson como factor inspiración. Fracasaron en el intento por culpa de los Astros y su excelente funcionamiento, que le dieron forma a otro sueño, terminar con una sequía de 55 años. Fue tan excitante esta Serie que seguiré tomando pastillas  calmantes, que hagan regresar a su lugar mi sistema nervioso.