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La impresión es natural. Esta es la serie que acabamos de ver, tan intrigante como excitante, demasiada carga emocional para quienes envejecemos irremediablemente y para los que comienzan a crecer como fanáticos de este apasionante deporte que es el beisbol. Siempre queda el último gran libro que has leído, la última super película, el más reciente gran show. Eso es común en las nuevas generaciones. Ellos no ponen mucho cuidado a “esto del tiempo pasado fue mejor”. No se atrevan a decirle eso a nuestros hijos y nietos, que no nos van a creer.

Las fieras batallas de los Juegos 3 y 5 extendiéndose a 11 y 10 entradas, todavía echan humo; el bateo de Springer igualando la marca de 5 jonrones en una Serie, incluyendo cuatro en juegos consecutivos, es algo sin precedentes; los 7 relevos de Brandon Morrow igualando la marca de Darold Knowels, asombra; el doble tropezón de un tirador tan temido como Justin Verlander, el doble naufragio de Clayton Kershaw en un mismo juego malogrando ventajas de 4 y 3 carreras, y la doble falla de Darvish como abridor explotado rápido, tiene a los incrédulos rascando sus cabezas; qué decir de los constantes outs en el plato en jugadas cerradas, las espectaculares atrapadas tanto en el fondo como hacia delante, los ceros improbables colgados por pitcheos combinados hasta de tres brazos, los atrevimientos y temores de los managers en las tomas de decisiones. Juntemos todo y eso, y tenemos una gran Serie Mundial. Pero ¿ha sido la mejor?

 La serie increíble 

La respuesta es un rotundo ¡No! La Serie de 1991 entre Gemelos y Bravos, dos equipos que terminaron en último lugar el año anterior, es muy difícil de superar, por estas poderosas razones: ha sido la única Serie con cuatro juegos decididos en la última pitcheada. Consideren la carga de suspenso que eso implica. Previamente, solo se habían visto dos juegos resueltos en el último instante en la misma serie; fue la primera Serie en registrar cinco juegos decididos en el último turno al bate de un equipo, superando la marca de cuatro; hasta hoy, la única Serie que presentó un séptimo juego avanzando sin carreras a lo largo de nueve entradas, y apenas la segunda con el séptimo juego 1-0, con el asterisco de resolverse en entradas extras. Un pequeño agregado: fue la tercera con cinco juegos decididos por la diferencia de solo una carrera, con atrapadas como la de Kirby Puckett descabezando un batazo de Ron Gant, el engaño a Lonnie Smith, los jonrones insospechados encendiendo dramas, y ese hit de Gene Larkin facili
tando el triunfo de Jack Morris. Cada lanzamiento, cada strike, cada bola, cada inning, cada cosa, importó mucho. Oh Dios, el mundo se detuvo. Difícil, muy difícil volver a ver algo parecido. No lo logró esta Serie del 2017 aunque será recordable por siempre.

 Otra rompe-corazones 

La Serie de 1975 entre la Maquinaria Roja y “los malditos” Medias Rojas, fue tan cerrada, espectacular e impredecible en cada juego, que pudo ser inspiracional para genios del suspenso. Ganaron los Rojos con un dramático hit de Joe Morgan contra Jim Burton en el inicio del noveno inning del séptimo juego, una Serie en la que Luis Tiant logró la blanqueada que tanto había soñado en la primera batalla, ganó la cuarta pero no pudo completar un esfuerzo para tres victorias, en el último y decisivo duelo. Fue la Serie del increíble y estremecedor jonrón de Carlton Fisk en el inning 12 del sexto juego, durante el cual, el manager de los Rojos, Sparky Anderson, utilizó ocho pitcheres; la Serie de la atrapada de Fred Lynn que le hubiera gustado realizar a Willie Mays, y del jonrón como emergente bateado por Bernie Carbo con dos a bordo. Ya lo he escrito pero lo repito: millones quedaron sin uñas y sin aliento, tan excitados como Arquímedes cuando salió desnudo del baño.

Recuerdo electrizante

La Serie Mundial del 2001, fue extraordinariamente impresionante. Cascabeles de Arizona y Yanquis de Nueva York, nos mantuvieron entre infartos y resurrecciones, hasta que finalmente, en el cierre del noveno inning del séptimo juego, Luis González con una estocada precisa y mortífera, terminó de destrozar el sistema nervioso del as de espadas Mariano Rivera, arrebatándoles el título a los Yanquis. El zurdo de Arizona Randy Johnson, se convirtió en el primer ganador de tres juegos desde Mickey Lolich en 1968 lanzando por los Tigres frente a los Cardenales. No hay duda que hemos visto una gran Serie en el 2017, pero no la mejor, ni con el final más electrizante, como la de 1960 con el jonrón del pirata Bill Mazeroski, mata Yanquis, volteando la pizarra en el último instante.