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La superioridad azulgrana sobre el Sevilla fue indiscutible, ocultada en ese ajustado 2-1 rubricado con dos goles de Paco Alcácer marcados en los minutos 23 y 65, mientras Pizarro, con un soberbio cabezazo contra el piso que dejó sin la menor posibilidad a Ter Stegen, empataba transitoriamente la batalla 1-1 el minuto 59, cubriendo las tribunas del Nou Camp con un manto de incertidumbre. Y pensar que en los primeros cinco minutos, el equipo de Valverde dispuso de tres posibilidades para abrir el marcador.

Vimos una versión mejorada del Barsa. Manejando la pelota con más precisión; saliendo al encuentro de los atacantes del Sevilla, no replegándose cediendo terreno; aprovechando la dinámica de Iniesta en el primer tiempo; obviando la falta de fe en si mismo que agobia a Suárez; sacando provecho del olfato de Alcácer que no perdonó una falla defensiva de Escudero adelantando a los azulgrana 1-0, y supo definir con maestría la pelota centrada desde la derecha por Rakitic para el 2-1; confiando en la seguridad que proporcionan los centrales Piqué y Rakitic, quien se equivocó temprano y casi cuesta caro; viendo como Busquet activaba el control remoto en el centro del campo; y sobre todo, dependiendo de la gravitación de Lionel Messi.

Un Barsa más flexible 

El Sevilla no fue borrado. Se refugió en la opción de los contragolpes, como el que casi concreta Muriel con un cañonazo que paralizó a Ter Stegen y se fue silbando al lado del poste derecho del arquero. Se multiplicó atrás el cuadro de Berizzo, siendo obligado por el futbol agresivo del Barsa, de la presión alta que pasó promocionando. El equipo de Valverde no se incomodó y decidió establecerse controlando los hilos del partido, aunque expuesto subiendo mucho, pero muy eficiente en la recuperación, un recurso valioso en la época dorada de Guardiola.

Casi todas las gestiones ofensivas del Barsa pasan por los botines de Messi. Tan involucrado, tan perseguido y tan cercado, el argentino pierde pelotas y falla en ciertas entregas, sobre todo por falta de comprensión, pero se esfuerza en hacerse sentir. Alcácer y hasta Rakitic, se vieron retardados en ocasiones. Es Messi, mostrando su inigualable astucia, el factor desequilibrante en todo instante, sin abandonar a Suárez pese al mal momento que atraviesa el uruguayo. No marcó Messi, aunque su incidencia como siempre fue mayúscula, sólo con ese aporte pudo el Barsa mantenerse encima del rival. Alguien tomaba pelotas, las distribuía, se desmarcaba, fabricaba espacios y hasta disponía de oportunidades para disparar. Ese era Messi, perseguido difícilmente por los reflectores.

Un Barsa mejor orientado, aunque como siempre, abrazado al sufrimiento, doblegó al Sevilla 2-1 y sigue líder después de 11 jornadas con solo un empate. ¡Ah se me olvidaba!, el arbitraje se tragó dos penales a favor del Barsa.