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Durante años y años he estado esperando ver a un pinolero saltar 2 metros en altura, con solo su impulso, elevándose y arqueándose como si fuera de junco. Carlos Abaunza dijo una vez que podía hacerlo. Y se publicó, pero no llegó a los ansiados 2 metros, que para nuestros saltadores, se veían entre las nubes. Así que el reto siguió pendiente.

Los esfuerzos colegiales de Guillermo Montoya y de Marvin Powell en los años 60 se desvanecieron con el paso del tiempo, así como los de Daniel Argüello y Alfredo Williams más adelante. Los dos metros, una marca superada por el sector femenino a nivel mundial desde hace largo rato, han seguido siendo para nosotros, una tentación.

¿Miedo a la altura?

Ayer estuve con Frank Garth, quien va a intentarlo en estos juegos. No puede esconder su timidez. Esa sonrisa a medio desarrollar lo denuncia. No habla, susurra. Sueña despierto con los dos metros, pero casi me voy de espaldas y me sale el pelo cuando su competente adiestrador, Juan Francisco Centelles, ganador del oro Panamericano en la especialidad con 2.29 metros en Caracas 1983, me dice sin la menor solemnidad: solo enfrenta un problema, le tiene miedo a la altura.

¿Un saltador de altura con miedo a la altura? Explíquenme eso. “No sé por qué. Cuando me veo arriba, a veces me asusto pensando en la caída. Sin embargo, me han colocado más o menos 2.50 metros sobre el piso en unas gradas, y me dejo caer hacia atrás sin ver, sobre unos colchones. Me parece que nunca termino de caer. Es inevitable sentir algo”, relata un poco apenado por esa cercanía con el temor.

Se siente capaz

Garth registra una marca de 1.95 metros. En el último Centroamericano de Atletismo se presentó con un problema muscular en su tobillo izquierdo y saltó 1.90, una altura estupenda en esas condiciones. “Puedo asegurar que está en capacidad de llegar a saltar hasta 2.10 metros, y conozco mucho sobre esto”, dice quién preparó a su compatriota Sergio Mestre para ganar el oro en los Juegos C. A. y del Caribe en Veracruz 2014.

“Me siento capaz, estoy sin problemas musculares y voy a tratar” apunta Garth, el menor de tres hermanos, hijo del pelotero de su mismo nombre, mostrando la marquesina blanca de su dentadura al reírse. “Quitarle presión, eso es lo clave. Que sienta que puede volar, que confíe en él mismo. Yo sé lo que es enfrentar retos”, dice Centelles, de 56 años  y 1.97 de estatura, quien logró elevarse hasta 2.32 metros, marca todavía de nivel mundial, un cubano muy amable. Me trató como si nos conociéramos de toda la vida. Salí de la Escuela Militar agradeciendo al coronel Mario Jofre y pensando: no hay que perder de vista a Garth.