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ESPNdeportes.com
BUENOS AIRES
Ya tenía el Balón de Oro y ahora se llevó el premio FIFA al mejor jugador del año: no quedan dudas de que Kaká fue el futbolista más destacado de 2007.

Me pasa algo curioso: tengo que escribir sobre él cuando me gusta mucho, pero mucho más verlo jugar.

Uno cree que cuando un futbolista de esos que nos marcan a fuego deja de jugar, nunca más veremos algo parecido. Y ese nunca más, a veces, tenemos la suerte de que no sea tan categórico.

Ésta es una de esas oportunidades. Porque desde que apareció Kaká en escena, siempre me dije que tenía un no sé qué, algunas cositas de un grande... Pero no terminaba de ordenar las ideas o de encontrar el marco de referencia.

Hasta que hoy, cuando me senté delante de esta hojita en blanco que mete miedo porque hay que llenarla de palabras, y automáticamente me vino el nombre de un grande a la cabeza: Van Basten.

Les digo esto porque cuando el gran Marco dejó de jugar, siempre me preguntaba cuánto tiempo faltaría que tuviéramos el placer de ver a otro jugador más o menos parecido. Y ahora, con Kaká, nos estamos dando el gusto. Se asemejan en la elegancia, fineza, en los movimientos técnicos sincronizados, en las aceleraciones con el balón, su sangre fría para definir... En definitiva, por ser atacantes y muy completos.

Afortunadamente su compañero en esta vida “Jesús” --al que tiene siempre presente-- nos lo envió para alegrarnos los ojos.

También ahora estoy buscando las diferencias entre estos dos grandes. A simple vista salta una: Kaká tiene mucho más sacrificio en la recuperación y también se puede convertir en ese enganche. Van Basten era punta, más goleador y más cabeceador.

Las coincidencias existen y aquí va otra: ambos salieron campeones de Europa, goleadores del torneo, campeones de la Supercopa europea y campeones Intercontinentales en el mismo año. Van Basten en el 1989 y Kaká en 2007. Si hasta en eso se parecen.

Les enumeré las cualidades generales de Kaká, pero ahora les voy a remarcar una que muchas veces no percibimos: sabe perfectamente cuándo hay que guardar la pelota y cuándo hay que jugar de primera.

El brasileño se mueve a un toque siempre, salvo cuando le dan un metro para girar y acelerar. Ahí lo vemos encarar en todo su esplendor, y sabemos que sus adversarios verán su número y nombre en la espalda, dado que es el jugador más rápido del mundo con el balón en los pies. Como muestra tenemos el tercer gol contra Argentina en Wembley, cuando Messi se le puso a la par y no lo pudo alcanzar en 70 metros de carrera.

Otro tema que me llama atención de Kaká: parecería que la fe que tiene le da a su rostro un aire angelical, algo que bien podríamos ver en una que otra pintura de Rembrant, otro holandés como Van Basten. Siempre tiene una sonrisa dibujada, rara vez se lo puede ver fastidioso, pese a que muchas veces es tratado con agresividad por sus adversarios. Jamás discute o reclama, ya que sabe que la trampa del contrario forma parte del juego.

El brasileño tiene 25 años, es decir, muchos por delante para que podamos seguir disfrutándolo y para que él también siga haciéndolo dentro de la cancha.

Seguramente el jugador cambiará con el paso del tiempo, pero esperamos que no modifique su forma de actuar públicamente, su sonrisa, sus modales, su fe en Jesús y su sentido de la familia.

Sólo me queda decir que así como alguna vez estuvo Van Basten y ahora Kaká, esperemos que el futuro nos depare el placer de tener algún otro futbolista que se les parezca, para que de esa manera podamos repetir algo que ya sabemos pero que nos gusta confirmar: que la estética en el fútbol existe.

Felicidades Kaká.