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La actuación nica en los Centroamericanos de 1986 realizados en Guatemala, superó los cálculos más optimistas. Es cierto que ayudó decididamente la ausencia de Panamá, ridículo sería negarlo, pero la euforia por los resultados registrados con base en tiempos y marcas, no solo tomando como medida la cantidad de medallas, tan propensa a lo engañoso cuando se trata de un evento regional, está plenamente justificada. Este resultado alentador fue producto de un proceso bien elaborado para garantizar la elevación del nivel de rendimiento del deporte pinolero, que por vez primera se hizo sentir.

El departamento de actividades deportivas del IND, por medio de un estudio pormenorizado, había calculado un total de 78 medallas y se conquistaron 30 más, superando claramente el centenar… Que falta mucho por mejorar tanto en el aspecto organizativo como en el desarrollo técnico y el renglón competitivo, es obvio, pero lo importante es que por primera vez, Nicaragua se proyectó con fuerza en los Juegos, y el diario Prensa Libre publicó una nota cargada de preocupación con el título: “¿Hacia dónde va Nicaragua en el deporte del área?”, diciendo en el texto, que si los demás no se apuran, poco a poco los pinoleros irán dominando el circuito.Georgina Prado, integrante de la delegación femenina de ping pong.

El fogueo fue constante

Se dijeron muchas cosas falsas sobre Nicaragua tratando de minimizar el éxito alcanzado, como que nuestros atletas son adiestrados a tiempo completo en Cuba, Bulgaria, la RDA y la URSS bajo la conducción de grandes entrenadores, lo cual es una exageración. Es cierto que se había garantizado un constante fogueo, pero todavía había problemas que resolver en lo referente a métodos de entrenamiento, plan de desarrollo, sistema de reconcentración y disponibilidad de instalaciones. Lo que es evidente es que se habían mejorado las condiciones para la práctica del deporte en Nicaragua y los primeros resultados saltan a la vista.

Cuando Mauricio Orozco en forma sorpresiva logró la primera medalla de Oro para Nicaragua, nadie sospechaba que superaría la barrera de las 100. Sin embargo, como bien se apuntó posteriormente Frank Almendárez después de asegurar el oro en el relevo de 4 por 400, esa medalla de Orozco fue la inyección de vitaminas que estimuló al resto de la delegación y demostró que no habían imposibles.

“Estoy sorprendido de los resultados obtenidos en lucha y tiro, impresionado por las 22 medallas en pesas y satisfecho del rendimiento registrado en atletismo, ping pong y ajedrez, además de conocer el gran esfuerzo desplegado por el futbol”, nos dijo en la Villa Centroamericana, al momento de amarrar sus “alforjas” para regresar, el doctor Yamil Zúñiga, director general del IND.

Pesas y tenis de mesa

Pero, muchos de ustedes se  preguntarán ¿Cuál fue el mejor deporte nica en estos juegos? Cifras en manos, sería el levantamiento de pesas, porque con 8 atletas se lograron 22 medallas, de ellas 10 de oro, 11 de plata y 1 de bronce, y ese diminuto “Rocky” que es Orlando Vásquez fue seleccionado como el segundo atleta más destacado en el deporte de los músculos hinchados, el ruido de los fierros y el resoplar constante… Y no hay duda, las pesas registraron una excelente actuación, pero favorecido en algunos casos por una escasez de participantes. Es duro retar a las pesas y si algún deporte puede hacerlo, y en mi opinión logra alzarse con la distinción de ser calificado como el mejor de todos, ese es el ping pong.Edwin Núñez perteneció al grupo de pesistas que consiguió medallas.

Con una tropa de 8 raquetistas, cinco de ellos funcionando como titulares (Molina, Hernández y Prado en varones, mientras Norma y Georgina Prado lo hacían en el sector femenino) el ping pong se robó el show arrasando con 5 de 7 títulos en disputa, en una muestra de dominio casi aplastante a pesar de lo durísimo que resultó la oposición, porque para vencer en cada especialidad fue necesario batallar horas extras y sacar a relucir una estabilidad impresionante. Decíamos antes de zarpar que siempre es bueno diferenciar el valor de cada medalla, porque en eventos tan pequeños y poco poblados, no todo lo que brilla es oro. Es decir, que siempre se necesita hacer una evaluación correcta. Nuestros pingponistas llegaron a batallar hasta en horas de la madrugada en busca de una medalla como cuando Molina y Hernández le ganaron el oro a la dupla guatemalteca al filo de las 12 y 30, cuando todas las luces de la Ciudad Deportiva estaban apagadas.

Fue llamativo ver a la zurdita Georgina Prado ganar el duelo decisivo contra Costa Rica, observar la superioridad de Óscar, la eficacia de José Hernández, el empuje de Normita, el aporte de Prado. No había forma de vencer a Nicaragua, y se dijo en los diarios guatemaltecos que el éxito nica se debía al ajetreo de nuestros pistoleros en Cuba, la RDA y la URSS, cuando no es así.

Aparecen velocistas

Aunque el atletismo no fue dominante, pero su actuación reconforta y obliga a cultivar fuertes esperanzas. Se obtuvieron 27 medallas, máxima cifra, con 9 de oro, 6 de plata y 12 de bronce. Ver a esprínter nicas con Humberto Newball y Harold Pérez imponerse en las pruebas de velocidad, así como la forma de fajarse de Marisol García, fue emocionante.  No me  impresionan las medallas en lucha, porque casi todo el que peleaba tenía una asegurada. El esfuerzo del futbol fue encomiable, pero nuestro nivel siguió siendo discreto. Hay que considerar que El Salvador y Honduras no llegaron con selecciones realmente competitivas. Cronistas de esos países, que cubren la primera división, ni siquiera se sabían al tiro el nombre de algunos seleccionados.

El tiro estuvo muy bien, pese a no contar con los recursos materiales requeridos. Se llegó a competir en algunos casos con pistolas prestadas y hay que elogiar el rendimiento de los tiradores y ver con optimismo sus posibilidades futuras. El ajedrez, en tanto, estaba obligado a ganar y tuvo que recurrir al Sistema Sonnenberg para dirimir el primer lugar a pesar de contar con dos medio-Maestros Internacionales, uno FIDE, y otro jugador de excelente currículum en los últimos años, como Sirias. Pero más importante que todo eso, fue el gran salto que en ese 1986 dio el deporte pinolero en la región, obteniendo un merecido respeto, que desgraciadamente más adelante volvió a desvanecerse, hasta retroceder a ese penúltimo lugar, solo delante de Belice, hace cuatro años en Costa Rica.