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En los Panamericanos de 1967 en Winnipeg, Cuba provocó un gran impacto consiguiendo un total de 47 medallas, solo detrás de Estados Unidos, Canadá y México, y fue quinto en las de oro. Un rendimiento nunca antes visto. La primera gran señal después del triunfo de la revolución. Pero, sorprendentemente, en el campamento cubano se escuchaban lamentos. Su selección de beisbol había perdido el oro frente a Estados Unidos 1-2, víctima del pitcheo de John Curtis. Ese día quedó comprobado el peso y el significado del beisbol en la isla. Fidel no quiso fumarse su puro. Los atletas de los otros deportes, pese al éxito alcanzado, no podían ocultar su pesadumbre.

No lo podíamos creer

Lo de nosotros en 1990, en Tegucigalpa, no fue así. Alcanzar la cifra récord de 147 medallas, incluyendo 59 de oro, facilitó un brillo festejado ruidosamente por encima de las insólitas dos derrotas frente al equipo salvadoreño, que utilizó el brazo derecho de un pinolero, Cirilo Herrington, quien en el inicio de los años 70 fue nuestro mejor bateador, para sujetar una ofensiva que se pensó haría estragos. Dos relevos paralizantes de ese veterano que creíamos retirado, uno de 3 entradas y otro de 3 y dos tercios, ambos sin permitir carrera, fueron claves para las victorias salvadoreñas por 5-3 explotando a Asdrudes Flores y 5-4 aprovechando un error de Julio Medina, instalado en el campo corto. END

Obviamente, perder el oro, y no contra Panamá que no llegó, fue un golpe a la mandíbula para el beisbol pinolero. Próspero González fue el último out  en la derrota por 5-4 al fallar con Nemesio y Panal circulando. La gente del cuerpo técnico, encabezado por el mánager Davis Hodgson, quedó aturdida. “El beisbol es así dijo César Jarquín, en tanto Óscar Larios consideró que la bola lenta de Cirilo fue mortal por su variedad”, como si estuviera hablando de Randy Jones o de Luis Tiant. Estando en Tegucigalpa, decidí no ir a los Juegos de Beisbol por considerar que sin Panamá todo estaba escrito, y hasta me atreví a decir que aún sin Epifanio, Bojorge y Cerda, con solo un par de brazos bastaba para coronarnos silbando y cantando. No fue así porque Cirilo convertido en pitcher, nos “mató”.

Los más productivos

En Atletismo, igual que en 1986, se conquistaron 27 medallas en total, con una menos de oro, logrando 8, agregando 10 de plata y 9 de bronce, sin embargo nuestra presencia en las pruebas de velocidad pura, tanto en varones como en mujeres, desapareció, y los campeones de 400 y 800 cuatro años antes, Frank Almendares y Róger Miranda, fueron vencidos resignándose a las medallas de plata. Guatemala dominó el atletismo seguida de Costa Rica, en tanto Nicaragua, capitalizando el trabajo que se venía realizando desde antes de 1986, se colocó tercero, con una medalla menos que las 28 de los ticos, pero superados claramente 13-8 en doradas. La costarricense Zoila Stewart en gran alarde, ganó los 100, los 200, los 400 y los dos relevos, el 4 por 100 y el 4 por 400, para acumular cinco de oro.

Los pesistas, encabezados por Orlando Vásquez y María Lourdes Ruiz, que aseguraron 22 medallas en 1986, se proyectaron hasta 30 en Tegucigalpa 1990, para ser el deporte más importante. Es por eso que resultó preocupante, hace cuatro años, ver a los pesistas reducidos a 15 medallas, solo 4 de ellas producidas por los varones, por 11 de las mujeres. ¿Qué tanto resurgirán las pesas? es una de las grandes interrogantes. Otro deporte de mayúsculo aporte en 1990, fue el tiro con 19 medallas, superando el cálculo más optimista que fue de 15 antes de ponerse en marcha esos Juegos. El gran pilar de esta disciplina volvió a ser Walter Martínez, pese a luchar con una serie de factores adversos. También la lucha proporcionó 19 medallas en 1990, respondiendo a un fuerte adiestramiento.Yambito Gamboa integró la selección que entrenaba “polvorita”.

Molina, rey del balazo

En tenis de mesa, Óscar Molina volvió a prevalecer con la autoridad mostrada en 1986. Junto con Róger Sequeira, quien ahora con 48 continúa activo en la Selección Nacional, y William Prado fue vital en la conquista de 9 medallas, con 4 de oro, 2 de plata y 3 de bronce; en tanto el boxeo, con una gruesa tropa en la que militaban Adonis Cruz, Yambito Gamboa, Adolfo Méndez y Eddy Sáenz, entrenados por Guillermo “Polvorita” Martínez, obtenía un total de 12 medallas, 4 de oro, 5 de plata y 3 de bronce. Hace cuatro años, el boxeo masculino produjo 9 medallas, solo 2 de oro, y el femenino 6, apenas 1 dorada. En 1990, Honduras, Costa Rica y Nicaragua, presentaron boxeadores en las 12 divisiones. No peleaban las muchachas.

El primer medallista pinolero en esos Juegos de 1990 fue un taekwondista, José Castillo de 24 años, vencedor del hondureño Martín Vanegas en la categoría de 54 kilogramos para conquistar la plata. Este deporte llegó a Tegucigalpa casi sin fogueo entre discretas expectativas. Con 3 de plata y 3 de bronce, el taekwondo levantó su mano como contribuyente de esas 147 preseas, máxima cifra hasta hoy, reto para los casi 700 atletas pinoleros que van a competir en este 2017. Se mantuvo el tercer lugar conseguido en 1986, pero más cerca de Costa Rica. En futbol, con la dirección de Salvador Dubois, se logró medalla por cuarta ocasión consecutiva, un tercer bronce, agregado a la plata sorprendente de 1973, en los primeros Centroamericanos.

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