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¡Acertada la decisión de llamar al nuevo escenario olímpico de nuestra natación, “Michelle Richardson”! Se lo merece. La recuerdo cuando apenas era una niña, llegando a la pileta para entrenar junto con su hermana mayor Lissette y con Frank hijo, bajo la mirada de su padre Frank, el dueño de ferretería Richardson, uno de mis patrocinadores en el libro “El Mundial Nica” publicado en 1973 a mi regreso de Puerto Rico, donde le di forma.

La pregunta: ¿cuándo ganaremos una medalla olímpica? ha sido desde siempre, solamente un sueño. Podríamos tener una si no se entra en controversias sobre la presencia como nicaragüense de Michelle Richardson en los Juegos de 1984. Alta, resplandeciente, desarrollada en las piletas de EE. UU., pero iniciada aquí, Michelle brilló en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984. Consiguió la medalla de plata en  los 800 metros después de haber registrado el mejor tiempo en las clasificaciones, pero lo hizo para EE. UU, al rebotar aquí con una falta de interés.

Así obtuvo la plata

Lo he dicho, pero vale la pena repetirlo hoy: nunca podré olvidar aquel 3 de agosto de ese 1984. Salí de la sala de prensa con el colega puertorriqueño Luis Varela rumbo a la piscina. Nos regalaron unos maletines marca “Arena” bien cargados, y fuimos a buscar la mejor ubicación posible. Varela estaba atraído al evento de los 800 metros, porque Michelle había registrado el mejor tiempo, ganando el derecho para usar el carril cuatro en el centro de la pileta. Su rival más temible, Tiffany Cohen, clasificando con el menor esfuerzo para evitar desgaste, nadaría en uno de los extremos. 

Difícilmente se podrían chequear durante el desarrollo de la prueba, así que detrás del balazo, la larga figura de Michelle se sumergió en la pileta de la Universidad del Sur de California, y el duelo con Tifany resultó espectacular. Con un tiempo de ocho minutos, 30 segundos y 73 centésimas, Michelle llegó segunda y se convirtió en la primera atleta, no solamente nacida, sino estructurada aquí en las categorías pequeñas con entrenadores caseros, que consigue una medalla olímpica. Tiffany, batallando contra el cronómetro, dominó el evento sin dar margen a la menor discusión. 

Asomó muy fuerte

Siendo una chavala, Michelle comenzó a mostrar su potencia en las piletas de La Salle, Las Colinas y el Poli, bajo la conducción de Enrique Mencías, y estableció una serie de marcas para edades entre 8 y 10 años. Fue en las escuelas de Natación del Sur de Florida, donde terminó de desarrollar su potencial y lograr saltar a un primer plano en los Olímpicos de Los Ángeles. Esa medalla sería nuestra, histórica, con olor a pinol. Ella así lo deseaba, igual que Frank, su padre, pero no se realizaron esfuerzos suficientes por establecer contacto pese a las señales enviadas desde Estados Unidos. Lamentablemente.

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