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Ese ojo morado, esa mirada vacilante y esas piernas flaqueantes, producto de un esfuerzo descontrolado, certifican toda la angustia que atravesó el Manchester United, líder de la Premier, que está en defensa de su título como ganador de la última Champions, mientras lograba un empate casual 2-2 con el atrevido Oporto portugués, aprovechando un error gravísimo de Bruno Alves.

¿Qué es lo que vimos en Old Trafford a lo largo de 90 minutos cargados de una incertidumbre que podía masticarse y estirarse como chicle? Un Manchester oscurecido, trabado en las combinaciones, necesitado de brújula en el medio y con una defensa expuesta a las agresiones.

A los 4 minutos, la estocada de zurda de Cristian Rodríguez abre un agujero entre Van Der Sar y el poste izquierdo para el 1-0; ¿Quién iba a sospechar que a los 15 minutos, con Rooney en posición off side, Bruno Alves lo habilitaría ingenuamente con una entrega hacia atrás? Esa falla le permitió a Rooney interceptar la pelota y sacudir las redes del Oporto con una facilidad sólo posible mientras se practica, estableciendo el 1-1 en la pizarra.

Sin sincronizar el Manchester, preocupado por una defensa que se ha vuelto vulnerable en la Premier, perdiendo dos veces antes de salir del hoyo milagrosamente frente al Aston Villa, el domingo, tomó ventaja en el minuto 85 cuando Tévez tomó una entrega de taco realizada por Rooney en el área chica de Helton, y con oportuno remate, adelantó a los rojos 2-1.

No era justo, pero quedaba pendiente “la última palabra”, y a los 89, Mariano González, libre de marca entrando por la izquierda, recibió una pelota proyectada desde la derecha, rematando con prontitud sobre la salida de Van Der Sar, sellando el 2-2.

En tanto en Villareal, el cuadro local, ansioso por colocar al Arsenal inglés de espaldas a la pared buscando un ajuste de cuentas, estuvo al frente desde el minuto 10 con un soberbio taponazo de derecha de Marcos Senna, dejando sin chance a Manuel Almunia, y supo fajarse en un duelo atractivo por el manejo de balón, profundidad ofensiva y alternabilidad en la fabricación de opciones, que finalizó 1-1.

En el minuto 65, una joya sacada de las vitrinas de Tiffanys en la quinta avenida de Nueva York: Cesc envía una pelota larga hacia Emmanuel Adebayor internándose en la zona roja. La recepción es magistral, con el pecho, de espaldas, y de inmediato aparece el acróbata que se esconde en el africano, tendiéndose en el aire y con una tijera precisa, clavó la pelota junto al poste izquierdo de Diego López para el 1-1.

Hoy, el Barcelona se enfrenta al Bayern y el Liverpool se medirá con el Chelsea, en una batalla sin lugar para pronósticos.