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Fue una derrota con estrépito de cataclismo para el Real Madrid. ¿Quién iba a sospechar que ese duelo 0-0 engañoso se desequilibraría asombrosamente, hasta desembocar en ese destructivo 3-0 a favor del Barcelona? No lo podía creer después de haber visto al equipo azulgrana tan sometido a una intensa presión, mientras intentaba jugar sin el balón en un primer tiempo de alarmante preocupación para el técnico Valverde. En forma imprevista durante la segunda etapa, en busca de quebrar el molesto empate, al Real Madrid se le cerraron ojos y los espacios, se quedó sin pelota y consecuentemente sin proyección. Cuando después de la puñalada asestada por Luis Suárez, el lateral blanco Dani Carvajal fue expulsado en el minuto 63, la desventaja de 0-2 provocó un lento, dramático y letal desangre. A la orilla del colapso, no había nada que discutir. Ulises había clavado su lanza en el ojo del Cíclope.

Cambio de imágenes

Quiero regresar al inicio del segundo tiempo. ¿Por qué cedió espacios y pelota el Madrid? Sonó el silbato y el equipo de Zidane jugó hacia atrás. Logró viniendo desde el fondo, conseguir posición de tiro para un disparo desviado de Cristiano en el minuto 46, antes de un raro titubeo de Keylor, pero comenzó a desvanecerse como fuerza ofensiva. Lo que podía aportar Kovacic como estorbo de Busquets y sombra de Messi, apoyado por Casemiro, perdió incidencia. Fue Busquets quien profundizó la pelota que Rakitic llevó verticalmente, mientras prudentemente, Kovacic cuidaba al temido Messi, quien se movía detrás del croata. El pase rasante a Sergi Roberto fue devuelto de inmediato en precisa diagonal para la entrada de Suárez por la izquierda, y su remate mortífero de derecha, por abajo, desarmando a Keylor. En el minuto 54, el Barsa se adelanta 1-0, mordiendo a la multitud.

Se esperaba una reacción vigorosa del Madrid porque disponía de los hombres para hacerlo y podía prevalecer en los diferentes sectores. Se pensó eso, porque era obvio considerar que Kroos con su frialdad escalofriante, Modric con esa pujanza, destreza y firmeza, inagotables, y Casemiro con su fortaleza, fondo físico y presencia, seguirían decidiendo qué hacer en el centro del campo, pero no fue así. No pregunten por Isco, una de las figuras cumbres del Madrid y de la Selección Española en los últimos meses. En su lugar estaba Kovacic cumpliendo órdenes, sin perder de vista a Messi, así tuviera que ir al baño, lo que terminó por ampliar el panorama de Busquets. En tanto, la agilidad y potencia exuberante de Cristiano no encontraba las co

nexiones requeridas pese a la constancia de Marcelo por la izquierda, no tan preciso ni penetrante como en otras ocasiones, y la intensidad de Carvajal desorientada hasta su forzada expulsión por detener con la mano el impulso de balón de Paulinho, provocando el penal.

Pudo ser gol y amarilla

Fue ese un momento raro. Messi entregó una pelota a Suárez que acompañaba por la izquierda, el remate del uruguayo lo rechazó Keylor achicando, pero el balón regresó a Messi, que con el arquero tico encima, habilitó nuevamente a Suárez, quien estremeció el poste derecho. El rebote en el pie de Ramos se elevó apropiadamente para el golpe de cabeza de Paulinho y Carvajal, con su mano, interceptó la pelota que pese a eso, terminó adentro. La aplicación de la ley de la ventaja, hacía válido el gol y dejaba adentro a Carvajal con tarjeta amarilla, en cambio sentenciar penal, determinaba tarjeta roja y expulsión, con ejecución a realizarse, que Messi no falló utilizando su zurda, estableciendo el 2-0 en el minuto 63.

Isco estaba calentando para ingresar. Era el hombre multifuncional que se necesitaba, pero quedar sin Carvajal obligaba a fortalecer la defensa y llamó a Nacho retirando a Benzema, que en el minuto 41, con un soberbio cabezazo, hizo rebotar el balón en el poste izquierdo del inutilizado Ter Stegen. Esto dolió de verdad, porque el probable 1-0 antes del minuto, con cabezazo de Cristiano sobre una pelota bombeada que paralizó las piernas del arquero alemán, sin intentar salir, era un claro off side sin protesta. Un trazo desde la izquierda, fue abanicado extrañamente por Cristiano, quien también fue víctima de una desviada con el pie del alemán, con las tribunas de pie, crispadas, cantando el gol. El Barsa no permaneció completamente en el agujero en ese primer tiempo: Suárez y Paulinho, este último dos veces, ambos recibiendo pelotas con olor a gol de parte de Messi, no pudieron concretar.

¿Cuántos penales engavetados?

Con ventaja de un hombre, no vimos un Barsa sanguinario. Tomó cada instante con calma, sin deslizarse a lo especulativo, sin ser congelante, y el Madrid tuvo oportunidad para dos o tres atrevimientos que habrían sacudido las redes. Eso le hizo ver al equipo de Valverde qué especular con el tiempo, pese a faltar poco, era muy riesgoso. No le des una esperanza de resurgimiento a un rival de ese tamaño, que puede agigantarse, no necesariamente tanto como aquel United frente al Bayern en la final de la Champions de 1999, pero sí para presionar intensamente contra reloj. El Barsa no solo logró sujetar fuego del Real Madrid, sino que en el tiempo de reposición marcó el tercer gol en una jugada que manejó Messi, aparentemente con el balón superando la línea final, enviando un trazo hacia atrás que Alexei Vidal concretó pese al esfuerzo por el bloqueo de la defensa merengue.

El desempeño de Andrés Iniesta fue sustancial ejerciendo de recuperador y administrador de esféricos, pero también fue incidente actuando por momentos como un defensa más, así como a los diez minutos de la primera parte, salvando un remate de Carvajal en lo que fue una ocasión muy clara del Real Madrid. El capitán azulgrana puso su nombre al balón, con lecciones en cada una de sus apariciones, brilló especialmente por sus filigranas, como de costumbre, y mantuvo un nivel muy alto de juego con el balón en los pies. Fue sustituido en el minuto 75 por Semedo y ovacionado por fanáticos de ambos bandos, en contraste con los abucheos que se llevó Benzema a ser reemplazado.

Atrás, para discutir, quedaron dos manos del Barsa en el área, sobre todo el desvío de los brazos en la espalda de Sergi Roberto, y un faul contra el tobillo de Piqué, posibles penales, pero no quedó duda alguna sobre el mérito de los azulgrana que se apoderaron de los hilos del partido en el segundo tiempo, después de haber atravesado el llano de las amarguras en la etapa inicial. Como casi siempre, lo que se espera de una batalla Real-Barsa, es la intensidad, esa que altera nervios y acelera corazones. Se logró.