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Mirando a este Barcelona, Sherlock Holmes estaría enloqueciendo. ¿No lo crees querido Watson? Convertido en un equipo extremadamente intrigante, el Barsa de Valverde, nada que ver con el de brillantez predecible, pero no controlable del que manejó Guardiola, marcha invicto en la Liga a lo largo de 17 fechas con 14 victorias, 3 empates, 45 goles a favor y 7 en contra, cifras verdaderamente impresionantes, que podrían rechazar cualquier cuestionamiento al confuso ritmo que propone, al estilo de juego difícilmente explicable en pizarra, y esa falta de solidez mostrada constantemente, como ocurrió en ese casi tenebroso primer tiempo frente al Madrid, despojado del balón y con pocas ideas, con Messi buscando presencia en el campo minado de los imprevistos, aunque capaz de colocar tres pelotas con “olor” a gol, una a Suárez con trazo rasante hacia la izquierda, y dos a Paulinho, el pase desde atrás por el sector derecho que es casi gol, de no ser por el arañazo desesperado de Keylor, y el centro desde la izquierda que posibilitó el cabezazo desviado junto al poste por el arquero tico en otra contorsión muscular, espectacular.Lionel Messi lidera la ofensiva culé, que no extraña la partida de Neymar.

Un equipo bipolar

Pese a esas señales de vida, no quedó la menor duda sobre la inferioridad del Barsa, superado en la batalla por mandar en el medio campo, en la facilidad de recuperación que mostró el Real, y por supuesto en las proyecciones ofensivas hacia Benzema y Cristiano, quien después del gol anulado por encontrarse offside, dispuso de cuatro excelentes oportunidades de abrir el marcador… Pensé frente al televisor ¿Cómo podrá el Barsa evitar ser arrollado en el segundo tiempo? Equipo afortunado en varias de sus victorias y en dos de sus tres empates, iba a necesitar de ayuda divina para poder sobrevivir, frente a un Madrid suelto, penetrante, que había obligado a Piqué a lucir como una fotocopia de Batman, manteniendo atrás sin atrevimientos ofensivos, a los laterales azulgrana, mientras Marcelo y Carvajal subían hasta la cresta de los árboles como modernos tarzanes, llegando a fondo.

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De pronto, en el segundo tiempo, nos encontramos con otro Barsa, flexible y disponible para un futbol de agilidad, destreza y profundidad. Los lamentos por la pérdida de Neymar, la devaluación de Mascherano y la ausencia de Dembelé, quien continúa en la lista de inhabilitados, se apagaron con el crecimiento de Messi, genial y desequilibrante fabricando espacios, filtrándose y dibujando trazos precisos, su especialidad cultivada en el Museo del Prado, con Piqué mostrándose como una réplica de la pirámide de Keops en el centro de la defensa, con el renacido Iniesta regresando al nivel magistral que exhibió frente a Holanda en la final de la Copa del 2010 en Suráfrica, con Ter Stegen funcionando en la cabaña como el nuevo “Hombre Araña”, con Busquets respondiendo a cada exigencia, y con este impetuoso y esforzado Paulinho, reclamando un reconocimiento en las esferas de la notoriedad.

Recuperando su ADN

El insospechado 3-0, cobró forma durante ese segundo tiempo tan diferente al primero, con las imágenes cambiadas de cada equipo. Suárez quebró el 0-0, Messi de penal aumentó 2-0, y con un hombre más en la cancha por la expulsión de Carvajal, selló Aleix Vidal recibiendo de Messi sin botín, como el gol de Leónidas en el Mundial de 1938 contra Polonia… ¿Cómo fue posible esa transformación tipo Dr. Jekyll y Mr. Hyde? El orientador era el mismo, Valverde, y las piezas sobre el tablero, las mismas. A diferencia del Real Madrid que se volcó ejerciendo una presión alta, a ratos agobiante en el primer tiempo, el Barcelona prefirió volver a confiar en su capacidad de progresión con pelota dominada armándose desde atrás, y lo logró. ¿Culpa del Madrid que también fue otro? No, consecuencia del reencuentro con su esencia, con su ADN. Los espacios para maniobrar se recortaron para los centrocampistas merengues y las municiones comenzaron a escasear para los hombres que Zidane colocó en el área. Era el momento propicio para el ingreso de Isco, pero sin Carvajal, y con el Barsa moviendo los hilos, lo prioritario era un defensa y entró Nacho, con Bale y Asensio más adelante.

¡Qué buena impresión provocó este Barsa del segundo tiempo! El equipo enmascarado de la primera etapa pareció una falsificación descubierta a tiempo. Súbitamente, estábamos de regreso a la interminable polémica del Barsa nuevo modelo, impredecible dentro de un funcionamiento inseguro, como en la Champions en su victoria por 1-0 contra el Sporting y el empate 0-0 con el Olympiakos, aunque casi siempre con resultados favorables, registrando 11 puntos reales de ventaja sobre el Madrid en la Liga, escapándose también del Atlético y el Valencia derrotados en la reciente jornada por el Español y el Villareal. Sherlock Holmes, quitándose el sombrero, salió del Bernabéu rascando su cabeza aguijoneado por la intriga: ¿Cuál es el real Barsa, el terriblemente borroso del primer tiempo o el visto deslumbrante en el segundo? Por ahora, lo único cierto, es que se abre paso por la carretera del éxito de diferentes maneras, sin ser el ballet de Guardiola. Por lo que estamos viendo, Valverde no lo necesita.