•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Julio “El Yambito” Gamboa y Carlos “Chocorroncito” Buitrago tienen en común no solamente haber perdido cuatro oportunidades de título mundial, sino también en haber sido considerados púgiles con un talento especial para convertirse en campeones, pero ambos no lograron llegar a la tierra prometida por falta de compromiso y disciplina. 

Me gustó una frase del estadounidense Jackson Brown que grafica perfectamente la manera en cómo se puede desperdiciar un don si no se le da el trato o el uso correcto. “El talento sin disciplina es como un pulpo en patines. Hay gran cantidad de movimiento, pero nunca sabes si va a ser hacia adelante, hacia atrás o hacia los lados”. 

Siempre he pensado que, aunque se disponga de mucho talento, es más fácil que triunfe la persona que es disciplinada que aquella con talento pero sin enfoque y determinación. ¿Quieren un ejemplo al respecto? Byron “El Gallito” Rojas. El matagalpino fue el último campeón mundial que tuvo Nicaragua. Se fue a Sudáfrica en plan de víctima y regresó con el cinturón mínimo de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).

 ¿Byron dispone de una gran técnica o es un boxeador espectacular? Por supuesto que no, no obstante, el muchacho siempre ha sido un púgil comprometido con su profesión, entregado al gimnasio, trabaja fuerte, no se excede en su alimentación aun estando sin peleas pactadas y trata de seguir superando día a día en sus deficiencias, puliendo al máximo las virtudes que posee.

No me sorprendió el resultado de la pelea de Buitrago, pues en el pronóstico estaba escrito que Kyoguchi debía imponerse, pero sí me impactó la forma en la que perdió. Previamente le había dado dos lecturas al compromiso. La primera era que si la pelea pasaba del sexto asalto, el japonés ganaría tranquilamente por decisión unánime. Y la segunda era que en el trayecto de los primeros 6 rounds, Carlos tenía posibilidades de triunfar por nocaut si presionaba, si lograba conectar con contundencia, sin embargo, eso no sucedió. 

Alexis Argüello insistentemente consideraba campeones a Román “Chocolatito” González y Carlos Buitrago cuando ambos eran amateurs. Y no es que Argüello se haya equivocado en su predicción, simplemente no sucedió con ambos porque el “Chocorroncito” no tuvo la misma entrega en el gimnasio que el “Chocolatito”. Román, hoy con 30 años, tetracampeón mundial, futuro miembro del Salón de la Fama. Carlos con 26 no pudo aprovechar cuatro chances.

Dos meses, insuficientes 

El 29 de septiembre escribí una columna que titulé: “Chocorroncito, dos meses bastan”. En el escrito expuse mi preocupación por el desgaste que significaba bajar hasta 105 libras tras 2 años sin hacer ese peso, incluso sugerí que se tomara más tiempo de entrenamiento, que eran mejor 90 días en vez de 60. 

El tiempo me dio la razón. Carlos sufrió para marcar la categoría y aunque tenía cierta esperanza de que su cuerpo pudiese recuperarse, no sucedió. En cuatro rounds, no tenía condiciones. Decía un colega que sabe mucho de boxeo que no se puede pretender ganar un título cuando no hiciste nada por ello en dos años, tratando de solucionarlo todo en dos meses de preparación. Tiene razón. 

El problema del boxeador nicaragüense, más de los pesos pequeños, es que muchos trabajan en función de dar la categoría, pues arrancan una preparación en más de 130 libras. ¡Es una locura! Así no se puede llegar al 100%. Ahora Buitrago tendrá que analizar qué hará con su carrera. Tiene un récord atractivo, pero si quiere buscar una quinta oportunidad tendrá que cambiar muchos aspectos en su ética de trabajo. 

Lo primero que debe hacer es firmar con una promotora que le garantice 4 peleas al año. Lo segundo es dar el salto de categoría (108 libras) y el tercer punto es buscar un equipo de trabajo que le imponga disciplina y respeto, y le ayude a mejorar defensivamente: ante Kyoguchi sufrió castigo mostrando una defensa paupérrima. Y por último, Carlos tiene que cuidar más su alimentación, no andar en más de 120 libras.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus