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Los finales dramáticos, esos que nos hacen sentir balanceándonos en la cuerda floja del suspenso, son los más apreciados y recordables, aunque alteren peligrosamente sistemas nerviosos y aceleren corazones. El sábado 23 de diciembre, derrotando a un inseguro Bóer, el equipo de León se colocó a un juego del liderato aprovechando la victoria de los Tigres sobre los Gigantes. El nudo entre los cuatro equipos era muy apretado. Los Tigres también se habían instalado a un juego, en tanto el Bóer en el fondo, se encontraba a dos de distancia, con ocho pendientes. No era un terreno propicio para el atrevimiento de ningún experto porque el beisbol es tan complejo e impredecible, que el propio Einstein se sentiría confundido. 

Al amanecer de Año Nuevo con solo dos juegos pendientes, ambos contra los Tigres, uno de ellos esta noche, el equipo de León, en su regreso a esta discreta Liga Profesional, se encuentra a cuatro juegos de la cima y con la soga al cuello, porque el Bóer, tercero en la tabla y con tres por jugar incluido el de hoy contra el Rivas, le saca juego y medio de ventaja. Es decir, que un torneo de cuatro a morir uno, León está a riesgo de ser eliminado si pierde en Chinandega, y los Indios golpean al Rivas, no necesariamente como Kyoguchi lo hizo con “Chocorroncito”. El Bóer clasificaría sin volver a ganar, si los Tigres barren los dos juegos al León, dejándolos reducidos a 18 triunfos, uno menos que los Indios.

¿Un triple empate?

Concentrado en su persecución del Bóer y sin sepultar la milagrosa posibilidad de alcanzar las 20 victorias que ya tiene el Chinandega, el equipo leonés necesita ganar esos dos juegos pendientes para pretender sobrevivir, mientras el Bóer se traba y falla tres veces, lo cual, sacaría del mapa a los Indios, algo caótico para Managua viendo en semifinales y en la final, su nuevo y reluciente estadio vacío. Existe también la posibilidad de un triple empate, si León derrota dos veces a los Tigres, el Bóer cae consecutivamente ante los Gigantes hoy y mañana, y cierra el jueves derrotando a los Tigres. Esa difícil combinación, dejaría a los tres equipos con 20 triunfos jugando pelota debajo de .500 y el Rivas en palco.

Se pensó que con Wilton López, Darwin Cubillán, Róger Luque y Paul Estrada, el León disponía de suficiente fondo monticular para evitar perder cuatro juegos seguidos, derrumbe que lo ha colocado frente al abismo, obligándolo a no parpadear en estas dos últimas batallas, y estar pendiente de cómo se muevan Bóer y Tigres. ¿Será posible que los Leones eviten la caída de la cuchilla de la eliminación sobre sus cuellos? Pocos lo creen, inclúyanme, pero es su única esperanza de sobrevivencia. La proyección más viable es una semifinal Tigres-Bóer con los Gigantes esperando al vencedor.