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Los dos fueron inspiradores. Viendo en acción a Bayardo Dávila y Everth Cabrera, todos querían ser short stops, como si eso fuera tan fácil aunque ellos lo hacían creer. No, tienes que tener alma de acróbata, flexibilidad de gato, reflejos prodigiosos, una gran escopeta como la que usaba David Crocket, pleno conocimiento tanto de tu pitcher como del bateo enemigo y, sobre todo, sentido del anticipo. Mostrándose en épocas diferentes, ellos se juntan en una polémica apasionante e interminable: ¿Quién fue mejor?

Me concentro en Dávila y Cabrera, colocando a un lado a Rigo Mena, parte de nuestra mitología beisbolera, y César Jarquín, un mago contemporáneo de Mandrake, porque con quienes estuve sentado la noche del miércoles en las tribunas del Estadio Dennis Martínez, cambiando impresiones, bromeando, escarbando recuerdos sin libreta ni grabadora, fue con ellos. Siempre he estado claro que las mejores notas se consiguen conversando informalmente, porque lo espontáneo se libera y se suelta. 

Como expliqué en las líneas de entrada, decidí ir al nuevo estadio para que mi hija María Auxiliadora, quien estudia una especialidad en Odontología en Guadalajara, lo conociera, y de pronto estaba sentado entre Bayardo y Everth. Cualquiera que los conozca se siente atrapado. Ellos no dejaban pasar nada y hacían milagros como paracortos, la más exigente posición del infield.

Respeto y Admiración 

“He sido un gran admirador de Bayardo. No tienes idea de todo lo que he aprendido de él y la utilidad que me ha proporcionado”, me dijo Everth, mientras dos butacas a su izquierda, su padre y un hermano menor, escuchaban con atención. Dávila en gesto de agradecimiento, le pone una mano en el hombro. 

¿Qué de todo lo que has visto de Everth, no hubieras sido capaz de hacer?, le pregunto al granadino que no nació en Nandaime como Cabrera. Enmudece mientras frunce el ceño y piensa. Sigue en silencio, lo cual es elocuente. Una forma de decir sin decirlo “yo hubiera sido capaz de todo eso”, lo cual, no lo dudo, y tampoco Everth cómo lo admitió con magnífica humildad.


“Fue Bayardo quien me aconsejó cómo cargarme hacia uno u otro lado, en dependencia de las características del pícher y lo conocido del bateador. Uno sabe que cuando un tirador ha caminado mucho, pierde fortaleza y es más propenso a ser bateado con propiedad hacia adentro. Quedaron fijas en mi memoria grandes atrapadas, que lo vi realizar de diferentes formas, en el fondo, yendo hacia atrás, contorsionándose espectacularmente para conseguir posición de tiro, y soltando pelotas con rapidez y precisión como si fueran brasas que lo quemaran. Fue fantástico”.

Manejar la rapidez

¿Qué consejo le hubieras dado a Everth estando en su apogeo como fildeador, cuando aparecía constantemente en el “Top Ten” de ESPN? Dávila no titubea y apunta: Que manejara mejor su rapidez. No conseguir eso lo hacía cometer fallas sobre pelotas sencillas en contraste con las grandes jugadas realizadas con batazos terriblemente difíciles. Solo eso necesitaba, porque lo tenía todo: zarpazo preciso, guante seguro, gran capacidad de cobertura y un brazo poderoso.

“Eso es cierto –interviene Everth–, porque no es lo mismo aplicar aceleración en el jardín central o en segunda base, que en el short. Yo me estaba educando en eso y mejorando, y pensé tanto con los Orioles como con los Medias Blancas, que podría retomar mi proceso evolutivo y ser mejor. De pronto, me sentí cortado en mis pretensiones y quedé exigiendo una explicación”.

¿Vos o Everth, quién fue mejor? le preguntó a Dávila. “Eso es para los que analizan. Nosotros solo actuamos y buscamos funcionar de la mejor forma posible, cada uno satisfecho con lo que ofrecimos. Claro, el brillo de Everth en Grandes Ligas fue intenso. Otro escenario”.

Aquel Lance, Aquel Batazo

“Cuando creces admirando a alguien como me ocurrió con Bayardo, el respeto se impone”, dice Everth con sencillez. ¿Y ahora qué sigue? “Pienso jugar en el Pomares y seguir aquí, pero lo primero es la recuperación de mi hombro izquierdo. Me preocupa tanto que podría intentar convertirme en pítcher. Y es en serio. He estado entrenando contemplando esa posibilidad. 

Dávila no olvida la sensacional atrapada realizada en aquella final San Fernando-Chinandega, metiéndose a la zona del jardín izquierdo y lanzándose a riesgo, que electrizó a la multitud, saliendo con su hombro derecho lesionado, en tanto Everth, fija su gran momento en una acción ofensiva: nunca olvidará aquel jonrón con bases llenas en el 2009 contra Francisco Rodríguez de los Mets. “Todavía no sé cómo lo hice después de tantos fouls. Ese fue mi mejor turno al bate. Atrapadas, igual que Bayardo, recuerdo muchas”, dice con su rostro iluminado por la emoción.

¿Quién mejor? Tan difícil como decidir entre los eléctricos bailes de Beyoncé y Shakira, o los pincelazos de Dalí y Picasso.