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No siempre el silencio produce sonidos. Cuando la situación es trágica, como la del Bóer anoche en su caótica derrota por 11-1 ante el Chinandega, resultado que lo eliminó de la final, cualquier intento de ruido, es ahogado. El silencio de la multitud al salir lentamente, era espeso. Hay diferentes formas de morir, entre ellas, de cara al suelo. ¡Qué mal jugó el Bóer en un duelo crucial! No es que todo le salió mal, sino que dio la impresión de hacer lo posible para que todo le saliera mal. Y eso duele de verdad. El beisbol tiene tantas paradojas, que nada es extraño, sobre todo cuando te encuentras atrás en las consideraciones previas. Lo del Bóer fue catastrófico. Sin amortiguadores.Junior Téllez, en relevo de Nelson León, se adjudicó el triunfo sobre los Indios.

Una defensa agujereada que estuvo fabricando infartos resultó fatal. Su deterioro fue mayor que los cuatro errores apuntados; el bateo, inutilizado en los grandes momentos, reduciéndolos a la nada; y el pitcheo, tambaleándose, como un edificio bombardeado. Agreguen el entusiasmo de la multitud, deshilachado y tengan los componentes de una tragedia que Sófocles, Eurípides o Esquilo, no hubieran querido escribir. Ni yo tampoco, pero tengo que hacerlo.  

Un inicio engañoso 

Los dos primeros innings navegaron en el mar de la tranquilidad 0-0. Aunque Cáseres le abrió con hit a Nelson León, la inesperada selección de Lenín Picota, el timonel de los Tigres, el inmediato batazo para doble play de Moreira, simplificó la dificultad, en tanto por el Bóer, una llamativa atrapada de Javier Robles, llegando al rincón del jardín derecho y saltando, decapitó un extrabases de Edgard Montiel, permitió que el zurdo de reiterada inseguridad, Rodney Rodríguez, registrara seis outs consecutivos. Ninguna señal para imaginar el futuro.

Sin embargo, en el tercer episodio, erosionó el pitcheo de Rodney después de dominar a Jesús López. El segunda base indio Dayner Moreira casi completa una estupenda atrapada lanzándose hacia su izquierda, cerca de la raya del jardín derecho, pero en el aterrizaje perdió la bola y fue doblete para Leonardo Ortiz. Frente a la primera amenaza seria, Rodríguez fue golpeado por el hit de Norlando Valle por la derecha, y Ortiz que había frenado prudentemente en tercera, se extendió hasta el plato al fallar Robles dejando escapar la pelota. Con la pizarra 1-0, boleto a Guerra y hit de Ofilio, llenaron las bases, y un roletazo de Walton solo útil para un out, impulsó a Valle ampliando 2-0 entre la pesadumbre de la multitud que abrillantaba las tribunas.

Sale Rodney, siguen Tigres

La base por bolas a Smith como primer bateador del cuarto inning, obligó a De la Cruz, el mánager indio, a quitarle la bola a Rodney y entregársela a Jorge Bucardo, su relevista de todos los días. El batazo de Montiel para doble play, y el ponche a Ortiz después del hit conectado por López sin embasados, dejó en cero al Chinandega. El Bóer recortó 2-1 en el cierre aprovechando el tercer golpe de León frente a los últimos cinco bateadores en dos entradas, asestado a Jilton Calderón y obviando el doble play facilitado por la falla ofensiva de Triunfel tocando mal bombeando la pelota que atrapó el relevista Junior Téllez en gran lance con dos a bordo sin out. Doblete de Iván Hernández, empujó a Calderón, pero Robles siguió enmudecido al poncharse con el empate haciendo señas.

En el quinto, los Indios malograron otra gran posibilidad con dos circulando, uno de ellos por interferencia del cátcher Ortiz, al batear Dayner Moreira para doble play con Leytón inmovilizado entre segunda y tercera. Hasta ese punto llegó la capacidad de pelea del Bóer. En el sexto, el estrepitoso derrumbe. Abrió Marval con doble y boletos consecutivos a Smith y Montiel llenaron las bases. Sin out, hit de López impulsador de dos carreras, error de Triunfel tirando mal a primera después de reacción retardada y fly de sacrificio de Guerra, redondearon una arremetida de cuatro carreras. Atrás 6-1, el Bóer se veía más embalsamado que como lucía el faraón Keops en aquel Egipto.

Pero el Chinandega no se detuvo. Doblete con bases llenas de Walton agregó par de carreras para el 8-1, y el caos pareció interminable cuando los Tigres estiraron la diferencia 11-1 con el público desfilando en busca de la salida, como si lo hiciera en las calles de un cementerio imaginario. ¡Qué forma de morir la del Bóer anoche!