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Lo atractivo de las maldiciones entre el dramatismo que implican y la desesperación que provocan, es seguir paso a paso la lucha por derribarlas, a veces atravesando décadas, como lo hicieron Medias Rojas y Cachorros en las Grandes Ligas. El Barcelona no vendió a un Babe Ruth en Anoeta, ni le sacaron una cabra en ese estadio, pero después de siete años de no ganar como visitante al Real Sociedad, parecía estar maldecido. Esos fantasmas se reactivaron rápidamente con los goles de William José y Juanmi adelantando los locales 2-0 en 33 minutos, pero fueron espantados finalmente por una vibrante  reacción de 4 goles, que le permitieron al equipo catalán, conservar su invicto y mantenerse firme en el liderato al cerrarse la primera vuelta de la Liga 2017-2018. Con 51 puntos, el Barsa le saca 9 puntos al Atlético, 11 al Valencia, y 19 al Madrid que tiene pendiente un juego.

El Barsa apretado y herido

El atrevimiento del Real Sociedad frente al Barcelona en ese agitado primer tiempo, no fue algo sorprendente, sino producto de la intensa presión planificada, con jugadores ágiles, capaces de maniobrar sin complejos y asegurar proyecciones que desestabilizaron a la defensa más eficiente de la Liga española, y le permitieron adelantarse 2-0 con el cabezazo contra el piso y de rebote, fuera del control de Ter Stegen en el minuto 11, asestado por William José, recibiendo un centro de Xavi Prieto desde Milán al estadio de Anoeta; y el remate de Juanmi, desviado por Sergi Roberto dejando a Ter Stegen chance en el 33. Atrás incluso en posesión del balón, su mejor recurso, el Barcelona se veía aturdido, recordando que la pelota empujada por Canales a las redes en el minuto 20, fue acción anulada por la falta previa a Rakitic.  

Era urgente que el Barsa recortara, pero los espacios se le cerraban frente a la dinámica inagotable de un Real Sociedad nada preocupado por el desgaste físico a que obligaba semejante despliegue. Sin embargo, en el minuto 38, Luis Suárez se escapa por la izquierda y Paulinho se proyecta por el centro con la zaga del Real Sociedad retrocediendo sin poder realizar una buena cobertura. El pase rasante del uruguayo sobre la carrera, es apropiado para el remate casi a quemarropa del brasileño, que hace viajar hasta las redes pese al desvío del arquero Rulli. Estrechar la diferencia 2-1, obviamente tenía un gran significado, y aunque el Barsa hizo crecer la presión en los últimos siete minutos de esa primera parte, la pizarra no registró otro movimiento.

Se voltea la tortilla

Pese a tener en el banco a Iniesta y Dembélé, el técnico Valverde regresó a la cancha para el segundo tiempo con los mismos hombres, en un alarde de confianza. Mejor asentado y con la confianza restaurada, el equipo catalán equilibró las cifras 2-2 con un estupendo gol de Suárez, recibiendo de Messi. El artillero uruguayo remató con derecha, de cajón como decían nuestros abuelos, y el arquero Rulli solo miró como la pelota describiendo una curvatura de arco iris, se metía en la esquina superior izquierda de su cabaña. Aunque el Barsa mostraba mejor manejo, y fabricaba opciones, fue necesario esperar hasta el minuto 71, para el tercer gol azulgrana, marcado por Suárez con fulminante derechazo aprovechando una falla del arquero sacando corto hacia el centro.

Naturalmente el 3-2 proporcionó tranquilidad al Barcelona, que no perdió ritmo, mientras el Real Sociedad no conseguía la aceleración en las maniobras que había estado mostrando. Aunque Messi dejaba constantemente destellos de su grandeza, como en ese autopase con remate inmediato que detuvo Rulli en el minuto 81, el ombligo del espectáculo era Suárez con dos goles y una asistencia. A los 84, con el Real Sociedad batallando con desesperación en busca del empate, Messi, quien en los primeros minutos del juego entregó un balón con olor a gol a Sergi Roberto y había disparado con poder encima del travesaño, se encontró con la gran posibilidad de ejecutar otro tiro libre, y estuvo perfecto entre la lluvia. Una pelota magistralmente golpeada que se elevó sobre la barrera y descendió para meterse junto al poste derecho del paralizado Rulli, sellando el 4-2.