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En cierto momento, Ramiro Toruño salió del dogout para mirar al cielo y ver como llovían cohetes. La furia de los Tigres con los jonrones de Osman Marval, Jamar Walton y Ofilio Castro, le dio forma a una victoria rotunda por 6-1 en el segundo duelo de la final, dejando a los Gigantes con sus rodillas dobladas y las esperanzas de hacer reversible esta serie después de dos derrotas, debilitadas. ¡Qué pequeño se vio anoche el equipo sureño! Fue inutilizado por completo. 

Inicio de pitcheo flojo

Ni Báez ni Ruiz se mostraron efectivos como cuando se enfrentaron en la semifinal. Rápidamente se vieron en dificultades mientras los Gigantes se adelantaban 1-0 en el inicio del segundo inning y los Tigres contragolpeaban en el cierre haciendo girar las cifras 2-1. Antes, una atrapada de ribetes espectaculares realizada por el jardinero central de los rugidores, Norlando Valle, evitó que Dennis Phipps jonroneara con Frías circulando en el propio arranque del juego, facilitándole a Ruiz un cero engañoso y frustrando dolorosamente al Rivas, por el tamaño de la opción que se esfumó. Los Chinandeganos se han mostrado perfectos ofensiva y defensivamente.

Con un out en la parte alta del segundo inning, Juan Carlos Torres disparó hit y avanzó con el roletazo de Moisés Flores, quien intentó sorprender tocando frente al primer lanzamiento. El cohete de Ramón Flores, por la derecha, hizo perder el control de la pelota a Curt Smith y Torres se extendió hacia el plato, sacándole provecho a esa falla defensiva que no fue apuntada, aunque la vio la multitud. Fue fugaz la ventaja de 1-0 porque Báez no supo defenderla, siendo agredido eficazmente. Osman Marval el semisancionado la noche anterior, se voló la cerca del jardín derecho equilibrando la pizarra 1-1. Boleto a Smith, doblete casi muerde raya derecha de Jesús López y machucón de bount alto del chavalo Ortiz, convertido en infield hit, proporcionó al Chinandega ventaja de 2-1.

Sigue el estiramiento

Los Tigres ampliaron 3-1 en el tercero contra un Báez extrañamente descontrolado. Ofilio abrió con hit y Báez boleó consecutivamente a Walton y Marval llenando las bases. Sobre un buen lanzamiento, Curt Smith elevó hacia la pradera derecha empujando a Castro. Pero no hubo más. Montiel se ponchó y López fue dominado. Pese al pequeño y obviamente útil estiramiento, no fue una oportunidad verdaderamente aprovechada por el Chinandega. El problema para Rivas, era la preocupación provocada por la inseguridad de Báez en la colina.

El inmenso jonrón de Walton, golpeando la pared final del estadio por la derecha, estableciendo una diferencia de 4-1 a favor de los Tigres en el quinto, hizo sonar las alarmas a la orilla del banco del mánager sureño Ramiro Toruño, quien pese a lo que veía y sentía, siguió confiando en Báez. Sin embargo, el hit de Curt Smith con un out, le agotó la tolerancia y sacó al aturdido abridor del escenario, llamando a Róger Marín, quien en el sexto, fue víctima de un salvaje impacto rompe vientos de Oflio Castro, con un trazado que aullaba mientras iluminaba la noche, y de un triple disparado por Jamar Walton, que combinado con un error en tiro, completó un agregado de dos carreras. Trabajando alrededor de esa ventaja por 6-1, el pitcher Ruiz en crecimiento, llegó a retirar a 11 consecutivos, en plan de “amortajar” las esperanzas de resurrección de los Gigantes. La recta final, no mostró ninguna variante. Al salir, los sureños sentían que la tierra se abría debajo de sus lentas y temblorosas pisadas.