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He sufrido por la “muerte” de varias revistas, desde Carteles y Bohemia que me permitieron leer a los excelsos escritores de deportes cubanos, Jess Losada y Eladio Secades, irrepetibles en la isla como lo ha demostrado el paso del tiempo, hasta Don Balón, la revista española que me familiarizó con el Real Madrid y el Barcelona, y con las grandes historias de Di Stéfano, Puskas, Kubala, Cruyff, Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho, antes de esta época fulgurante de Messi y Cristiano. Nunca olvidaré Deporte Ilustrado y Hit de México, disfrutando mientras trataba de aprender de Fernando Marcos, de Fernando Gómez y de Tomás Morales. Todas esas “muertes” me golpearon, pero no tanto como lo ha hecho la desaparición de la revista argentina El Gráfico, ocurrida hace un par de días, cuando estaba por cumplir 99 años de existencia, sin duda, un récord.

En cualquier parte

Uno podía comprar El Gráfico en España, en México, en Miami, en Nueva York, en los países de América del Sur, incluso en París, Roma y Londres. No sé si en la Luna había un kiosco, pero también circuló en Nicaragua en los años 60 por gestión del Dr. Hugo Manuel Riesgos, un argentino que impulsó el futbol nacional transmitiéndolo y comentándolo. Fue precisamente en los años 60, rumbo al bachillerato, que comenzó mi conexión con El Gráfico. ¡Cómo me emocionaba el poder adquirir cada número! Sin pensar que algún día llegaría a trabajar como cronista deportivo, mi pasión por leer hasta los anuncios de la revista, escapaba a cualquier intento de descripción.

Leo luego existo

Sin conocerlos, me hice amigo de todos los que elaboraban El Gráfico. Juvenal, Oswaldo Ardizzone y Héctor Vega Onesine, eran los “ases” del futbol; “El Veco” Emilio Laffaeindre –o algo parecido– y Cherquis Bialo, me hicieron vivir las grandes peleas de boxeo, entre ellas la primera Alí-Frazier, con este título inolvidable sobre la derrota del entonces Cassius Clay “Dios se cansó”; Carlos Thiery me permitió conocer todas las proezas de Fangio en Fórmula uno, las de Reutemman y seguir los Grandes Premios; Oswaldo Romero escribía sobre el baloncesto de Chamberlain, Julius Erwing y Pete Maravich hasta llegar a Jordan; Adolfo Imas entregaba todo sobre tenis, no solo por Guillermo Vilas y Gabriela Sabatini, sino por Arthur Ashe, Jimmy Connors, John McErnroe, Pete Sampras y Agassi.

Fiel hasta el fin

Leer El Gráfico, cada semana, se convirtió en mi escuela a falta de estudios universitarios. Es por eso, que cuando por casualidad se me presentó la oportunidad de desviarme hacia el periodismo, yo estaba muy bien preparado. Cuando pasó de ser revista semanal a mensual, don Eduardo Durán, dueño de la librería que se encuentra en la calle 40 en Miami, frente al Tropical Park, se encargaba de apartármelas y se las pagaba en cada viaje. Uno de los últimos reportajes que recorté fue “Los 10 del 10” sobre los grandes momentos de Messi, que apareció en la edición de noviembre. A mis 74 años, sé que puedo vivir sin El Gráfico, pero ¡cómo me duele su desaparición!