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Se impusieron los Tigres 9-5 empujando a los Gigantes a la orilla del abismo, dejándolos atrás 1-3 en la final. ¿Morirán hoy? Ese temor, cobija Rivas, sede del quinto juego.

No hay duda, las pesadillas son estremecedoras. Una cosa es creer haber visto a Frankenstein, y otra, tenerlo en frente, frunciendo el ceño, amenazante. Escribo en lenguaje figurado obviamente. Eso debió haber parecido al relevista Armando Montenegro, la presencia de Yosmany Guerra en el plato en ese cierre del sexto inning anoche en Chinandega. Con las bases llenas, los Tigres adelante 5-4, y Montenegro entrando por Berman Espinoza con la misión de evitar el caos, Guerra, un no creyente en aquello de zurdo contra zurdo, en pie de guerra, golpeó la pelota en la nariz, con la fuerza y precisión requeridas para provocar un estallido como el del Vesubio, de esos que no dejan piedra sobre piedra, que destrozan ilusiones. La inmensidad del batazo no importaba, pero sí que la bola aullando, viajaría por encima de la pared del right-center. Ese jonrón estableciendo una diferencia de 9-4, podría ser el batazo más desequilibrante de la final, a menos que los empequeñecidos Gigantes sean capaces de dar forma a una proeza: ganar tres seguidos. ¿Lo creen ustedes? Yo no.Ha sido el juego de inicio más agitado.

La pizarra vibraba

Ha sido el juego de inicio más agitado. Desde muy temprano sonaron los tambores y al finalizar el tercer episodio, la pizarra estaba 4-3 a favor de los Gigantes con 16 hombres circulando en las bases, 9 del Chinandega y 7 del Rivas, manteniendo a los abridores Fidencio Flores de los Tigres y José Rosario de los sureños, con los nervios alterados revisando sus escopetas averiadas. 

Hit de Vladimir Frías abriendo el juego, otro de Elmer Reyes con un out y doblete de William Vásquez impulsador de dos carreras, adelantaron al revitalizado Rivas contra Fidencio. La orden fue atacar el primer lanzamiento, y funcionó eficazmente. En el cierre, José Rosario no supo apreciar esas palmadas en su espalda y fue golpeado por hits de Norlando Valle y Jamar Walton, y cohete de Curt Smith con dos outs, llevando al plato a Valle estrechando la diferencia 2-1. Ese contragolpeo fue una advertencia para los abridores.Los Tigres no contaban con que Wuilliam Vásquez llegó al desafío convertido en una fiera, como si hubiera recuperado el brillo mostrado en la campaña anterior.

En el segundo inning, los Tigres hicieron girar la pizarra con par de carreras. Boleto a Guerra y hit de Jesús López, facilitaron la oportunidad para que Norlando Valle, con doblete estremecedor, remolcara dos más y proporcionara al Chinandega ventaja de 3-2. Rivas recuperó las riendas del juego en el tercero al embasarse Elmer Reyes por error de Curt Smith, malogrando el fildeo de Yosmany Guerra retrocediendo en busca de un elevado que tenía controlado, y jonrón de William Vásquez muy por encima de la pared del jardín central. Esas dos carreras adelantaron al Rivas 4-3.

Guerra demoledor

En un duelo de este tipo, con pitcheo inseguro y bateo activado, cualquier diferencia pequeña carecía de significado. Todos los sabíamos y no se escuchó masticar de uñas en las tribunas. En el cierre del quinto, tal ventaja desapareció por el doble de Curt Smith con un out, otro doble de Edgar Montiel que raramente no produjo carrera, y elevado lo suficientemente largo de Jesús López con las bases llenas al ser boleado Guerra, empujó a Smith con el empate 4-4. La intriga danzaba entre los dos dogouts.

Desde el segundo inning, como reemplazo de José Rosario, el relevista Berman Espinoza había logrado sostenerse entre dificultades, sin llegar a aproximarse a ser un factor de seguridad. Y así llegó al cierre del sexto episodio, con un caos insospechado, tragándose las posibilidades de los Gigantes, que parecieron enanos. Infield hit de Ofilio con un out no fue preocupante, sobre todo después de ver a Espinoza dominar a Walton. Con dos outs, el diluvio: boletos a Marval y Smith cargaron los costales, golpe a Montiel facilitó la quinta anotación de los Tigres, quebrando el molesto empate. No más tolerancia con Berman y entró el zurdo Armando Montenegro. El swing de Yosmany  Guerra provocó escalofríos después del impacto. La pelota se elevó majestuosamente entre el jardín central y el derecho, superando ampliamente la altura de la pared. El jonrón con bases llenas sepultó a los Gigantes, dejándolos atrás 9-4. Los Gigantes se sintieron tan noqueados como Frazier ante Foreman en Kingston, Jamaica, en 1973, después de caer cinco veces. El jonrón de Torres en el noveno, fue conectado en una soledad como la de Comala, o Macondo.