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En Chile aprendió a jugar al futbol, en Guatemala explotó sus habilidades, llegó a Nicaragua para jugar en dos clubes en par de temporadas y se enamoró del país, pero retornó a suelo chapín para formarse como entrenador y actualmente desempeña ese papel, siendo valorado por los conocedores de la materia como uno de los mejores. Ese es Henry Barrientos, otrora futbolista del Real Estelí y el extinto UNAN-Juventus, cuyo sueño es regresar a la tierra de lagos y volcanes, para aplicar sus conocimientos como director técnico en algún club del terruño.

En Guatemala, Barrientos dio sus primeros pasos como estratega dirigiendo en Tercera División, en 1994. Caminó lento, pero dando pasos firmes. Unas cuantas temporadas después ya había ganado la fama de ser “el hombre de los ascensos” y no de gusto, ya que puede presumir de haber llevado a la máxima categoría del balompié guatemalteco a cuatro clubes. Henry no se deja llevar por los aduladores, entiende que en medio del éxito le sobrarán halagos, prefiere atribuir gran parte de sus logros a la calidad de los clubes que ha dirigido.El timonel chileno reconoce que le gustaría dirigir en suelo pinolero.

Pero es imposible no hablar de sus méritos, aún más cuando en 25 años desempeñándose como timonel, ha disputado 17 finales de Segunda División, cinco más en la máxima categoría y se ha convertido casi en un amuleto de los clubes que ha dirigido. Así es como lo ven en la presente temporada en el Club Social y Deportivo Sololá, de la Primera División chapina, que espera con él poder ascender a la Liga Nacional de Futbol de Guatemala.

Barrientos pudo encajar en la UNAN-Managua para el torneo de Clausura de la Liga Primera de Nicaragua, que inició el viernes pasado, sin embargo, debió omitir la oferta que le realizó el conjunto académico en vista que tiene contrato vigente con el Sololá para el Clausura, que inició ayer. En mayo próximo, el técnico chileno quedará libre para escuchar ofertas y admite que le motiva la idea de recibir otra oferta de algún equipo pinolero.

“Hay dos clubes que me ofrecieron trabajar, de los cuales me reservo los nombres, por respeto a los técnicos que están dirigiendo en ellos. La UNAN se comunicó conmigo, pero le fui honesto al manifestarles que tengo vigente un contrato y el futbol es como la vida, no puedes salir mal de una institución, porque no sabes cuándo necesitarás una oportunidad. Por otra parte, una vez que finalice mi contrato veré en qué condiciones estaré, veré las oportunidades que aparezcan y valoraré lo mejor”, manifestó Barrientos.

Amor por Nicaragua

En 2016, cuando el Real Estelí disputó en condición de visitante un encuentro de Liga de Campeones de la Concacaf ante el Suchitepéquez de Guatemala, Barrientos asistió al estadio Doroteo Guamuch Flores para saludar a su amigo, el entrenador del “Tren del Norte”, Otoniel Olivas, y presenciar el desafío que acabó con revés de los estelianos por 1-0. En aquella ocasión, Henry admite que sintió algo especial al ver jugar al equipo que le abrió las puertas por primera vez en Nicaragua, en 1991.

Antes, asegura que había presenciado encuentros de la selección de futbol pinolera ante la del país en el que reside y que siempre tenía emociones encontradas, pues en Guatemala ha crecido como técnico y en Nicaragua “conseguí las oportunidades que ningún país me dio como jugador”, asevera Barrientos, quien al enterarse de que Olivas dejará al equipo esteliano una vez que finalice el presente torneo de Clausura, se sorprendió, pero sabe que se abre una gran oportunidad para otros técnicos.

“Otoniel tendrá sus razones, él siempre mostró ese liderazgo para dirigir desde la zona defensiva, por eso me sorprende su salida. Evidentemente abre una posibilidad para muchos técnicos y para mí sería un honor dirigir en Nicaragua. Siempre he estado pendiente del futbol de ese país y conozco de los éxitos del Real Estelí”, declaró el estratega, a quien la directiva de la UNAN consideraba como candidato favorito de entre unos 25 currículum, según ambientaron personas vinculadas con ese equipo.

Sin pelos en la lengua, Barrientos admite que como técnico ha tenido mayor éxito que como futbolista, ya que jugando sufrió muchas lesiones que le impidieron trascender como deseaba. “Tuve dos lesiones considerables que me limitaron, por eso decidí tomar la carrera de entrenador, sabiendo que no podía desvincularme completamente del futbol. Como técnico me ha ido bien, después de 25 años he logrado grandes cosas, en parte por la calidad de los clubes y obviamente porque soy entregado en lo que hago”, remarcó.

“Trabajo de forma ordenada y me actualizo, no tengo vicios, el futbol es mi complemento. Me gustaría prolongar mi carrera dirigiendo en Nicaragua y quizá poder guiar a un equipo a un torneo Concacaf. Quien sabe, a lo mejor se da”, concluyó Barrientos, quien en todas las finales que le ha tocado dirigir ha portado la camisa de la selección de Chile, con el número 7. Por superstición, patriotismo, a modo de ritual o por todo lo anterior, la casaca de la “Roja” es como un amuleto para el timonel, que espera algún día encajarse la de un club nicaragüense.