•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Fue Arquímedes quien dijo: “Denme un punto de apoyo y moveré el planeta”. En beisbol, Tony Castaño manejó una teorización aproximada: “Denme un cuerpo técnico competente y coherente, y conseguiré el máximo rendimiento de un equipo de beisbol, moviéndolo de acuerdo a su armamento. En cualquier caso, la asesoría es clave”. Siendo un joven cronista, este prójimo visitaba cada noche a Tony en su casa hace más de 40 años, con el propósito de aprender algo escuchando frases como esa, unas se quedan y otras lamentablemente se las lleva el viento. El viejo zorro siempre dispuesto a ofrecer lo que podía de su sabiduría, nunca estaba solo. Además de su atenta esposa, doña Ursina, estaba Orlando O´Farril y gente de beisbol. 

Para Tony, ser mánager era tan arriesgado como ser piloto en la guerra. “Nunca sabes cuando te van a derribar, y debes estar preparado para eso”. El panameño Lenín Picota no es un genio. Nadie lo es entre la complejidad del beisbol, pero su inteligencia para manejar el personal, las situaciones que le presenta el juego, el equilibrio entre el atrevimiento y lo prudente, la intuición y las corazonadas, y sobre todo, el apoyo de quienes están junto a él, salta fácilmente a la vista. Picota tomó riesgos con toques, intentos de robo, cambios de pícheres, excesiva tolerancia, y fue víctima de la mala suerte con el lanzamiento descontrolado de Rugama en la única derrota. Como en todo, incluso en la vida, es el porcentaje de efectividad en las resultantes, lo que determina si se tiene éxito en el beisbol.

Mánager sin titubeos

¿Por qué no le diste la base por bolas? Le dijo su esposa a Tom Lasorda, el mánager de los Dodgers cuando regresó a casa, abatido por el jonrón de tres carreras que Jack Clark de los Cardenales, le conectó a Tom Niedenfur en el noveno inning con la primera base desocupada y dos outs, volteando un 4-5 adverso, convirtiéndolo en un 7-5 favorable. Con el consejo de la doña, Lasorda quizás hubiera avanzado a la Serie Mundial de 1985. Un mánager no puede ser temeroso. Debe estar convencido de una decisión así se le abra el piso. Picota fue en la final un mánager sin titubeos, aunque cruzara los dedos en espera del desenlace, algo natural.

En el siempre complicado trabajo de dirigir un equipo de beisbol, hay mentes brillantes, pero no genios. Nada es seguro, excepto la inseguridad. El primer mánager en ganar dos títulos seguidos, supo manejar el personal, y obviamente, aprovechar el apoyo de sus técnicos. Ni Napoleón ganaba las batallas dirigiendo las tropas a su antojo. Siempre se necesita una asesoría apropiada, aunque las cosas no salgan bien. ¿Cuántas veces fue visto Picota masticando sus uñas? Y lo volveremos a ver en la Serie Latinoamericana, expuesto a todo, pero cobijado con el respeto ganado, sin ser invulnerable a la crítica.