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La agresividad incontrolable de Vladimir Guerrero; su alegría contagiosa mostrando una reluciente dentadura iluminando con esa ancha sonrisa el rostro moreno; el rendimiento proporcionado en el terreno de juego; esa voluntad capaz de derribar y sepultar dificultades desde chavalo, su poderoso brazo, sus piernas ágiles, y un corazón como el de Aquiles, le permitieron abrirse paso hacia la grandeza a lo largo de 16 años, el mismo recorrido de otro gran dominicano, Juan Marichal, hasta ingresar a Cooperstown en su segundo intento, después de haberse quedado ligeramente corto en el 2017, detrás de Trevor Hoffman.

No parecía tan eficaz

Viéndolo en acción, sobre todo en el cajón de bateo, Vladimir Guerrero, el tercer dominicano en entrar a Cooperstown después de Marichal y Pedro Martínez, parecía una rareza del juego. Siempre dio la impresión de tirarle antojadizamente a todo lo que veía venir hacia el plato con un estilo desordenado, pero las cifras conseguidas son las de un artillero educado para golpear adecuadamente los lanzamientos con esa combinación de tacto y poder que identifica a los que se mueven en esferas superiores. 

Retirado a los 36 años después de salir de los Angelinos para militar con Texas en el 2010 y cerrar su carrera con los Orioles en el 2011, Guerrero registró un porcentaje de por vida de 318 puntos, uno más que Roberto Clemente, consecuencia de 12 temporadas consecutivas sobre los 300 entre 1997 y 2008, incluyendo una recortada, agregando otra en el 2010, registrando exactamente 300 puntos. Bateador de 449 jonrones, fue un empujador de más de 100 carreras en 10 campañas, llegando a robar 40 bases, un título Más Valioso, presencia en 10 series postemporada, 8 Juegos de Estrellas y ganador de 8 bates de plata. 

Detrás del gran clemente

El primer pelotero latino en Cooperstown fue Roberto Clemente en una situación especial durante 1973, consecuencia de su fallecimiento en una misión humanitaria con Nicaragua, después lo hicieron el “as” derecho dominicano Juan Marichal, el paracorto venezolano Luis Aparicio, el panameño Rod Carew siete veces campeón de bateo, el cubano Tony Pérez, el boricua Roberto Alomar, el dominicano Pedro Martínez, y otro boricua, Iván Rodríguez. En total con Guerrero, 9 latinos vía directa, agregando al puertorriqueño Orlando Cepeda por el Comité de Veteranos, y los cubanos Martin Dihigo, José Méndez y Cristóbal Torriente, por escogencia de un Comité especial que valora las Ligas Negras.

Chipper Jones logró el más alto reconocimiento en esta promoción de 2018 con el 97.2 por ciento, superando a Guerrero que obtuvo el 92.9, Thome con el 89.8 y Hoffman quien en su tercer intento se elevó hasta el 79.9 por ciento. Fue llamativo el acercamiento del boricua Edgar Martínez, según el Sports Illustrated el mejor bateador designado que se ha visto por encima de David Ortiz. Martínez consiguió el 70.4 por ciento, y solo tiene otra oportunidad en el 2019. Como hubiera impactado ver a dos latinos entrar al mismo tiempo a Cooperstown. Es la segunda vez en los últimos cuatro años, que se selecciona un “póker de ases”. En el 2015, ingresaron Randy Johnson, Pedro Martínez, John Smoltz y Craig Biggio.