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Félix “El Gemelo” Alvarado (31-2, 27 nocauts) se ha convertido en una verdadera máquina de destrucción. Al margen de la calidad del rival que tenga enfrente, el muchacho pelea como si en cada combate se enfrentara al mejor boxeador del mundo. Tira golpes como una locomotora, brinda su acostumbrado recital de ganchos al hígado y demuestra que dispone de 20 tanques de oxígeno en sus pulmones. ¿Será el próximo campeón mundial de Nicaragua?  Da para creer que sí.

La noche del viernes en el Puerto Salvador Allende, Félix noqueó al mexicano Sebastián Sánchez (12-5, 9 nocauts) en el cuarto asalto. Convengamos que el triunfo estaba pronosticado, pues el pleito se pactó con el objetivo de que Alvarado se mantenga activo previo a su combate de título mundial contra el japonés Ryoichi Taguchi. No obstante, siempre hay puntos positivos por rescatar y aspectos que señalar para que puedan ser corregidos.“El Gemelo” ganó sin pasar apuros.

Félix ha madurado boxísticamente, tanto así que ya no es aquel peleador desbocado que desde el arranque se desesperaba por imponer su ritmo de pelea, tirando una lluvia de golpes desde el primer asalto, sin mantener la calma requerida para al menos valorar un poco lo que trae el rival. Ahora Alvarado es más tranquilo, se toma las cosas con calma, espera, permite que el otro despliegue su boxeo y sobre esa base empieza a diseñar sus triunfos.

Alvarado se dio cuenta desde el primer asalto que Sánchez sería un rival más complejo de lo previsto por su baja estatura y movilidad, metiéndose adentro al choque y saliendo rápidamente, pasando algunos golpes. Así que Félix solo necesitó mantener la calma y buscar el momento preciso para descargar su arsenal. Y así fue, un gancho de izquierda, de esos que son sacados del manual de boxeo, entró completo en la zona hepática del azteca que cayó a la lona por primera vez en el segundo asalto.

Se levantó Sánchez, corrió para evitar ser rematado y se aferró a la campana para sobrevivir, aunque ya estaba herido de muerte. Arrancó el tercer asalto y Félix se fue encima, envió a la lona dos veces a su rival, quien otra vez se salvó por la campana, sin embargo, por su salud decidió no salir a pelear en el cuarto round, decretándose el nocaut técnico.

Ganó “Melo”

Sin despeinarse, Melvin “Melo” López, vapuleó al mexicano Aramis Solís. Sin haber tirado un solo golpe, López ya estaba en ventaja en la pelea. Un día antes no dio el peso, marcó 123 libras, 5 más de las 118 en que se pactó el duelo, por consiguiente físicamente la superioridad era tangible. Si a eso se le suma que Melvin es infinitamente mejor boxísticamente que Solís, un muchacho voluntarioso que se dedica a vender galones de agua en México por la mañana y que entrena en la noche, las acciones no pintaban nada bien para el azteca.

Desde el primer asalto, Melvin salió como un torbellino, intentando arrasar y destruir a Solís lo más ligero posible. En un intercambio de golpes, una rápida derecha se estrelló en rostro del azteca que cayó redondito en la lona, quedando en malas condiciones. Recibió el conteo de protección, se levantó y con las piernas tambaleándose logró sobrevivir.

No obstante, en el segundo asalto sería el fin del enfrentamiento. Otra vez fue Melvin, quien se adueñó del centro del ring y en una de esas embestidas, el nica conectó una izquierda a Solís detrás de la cabeza. El golpe era ilegal, se quejó el mexicano y dobló las rodillas en una esquina. Inmediatamente Ramón González, el tercer hombre del ring, hizo el conteo de protección. Se levantó Aramis y luego fue revisado por el médico debido a un sagrado en su boca. No continuó en la pelea y el nocaut técnico se decretó a los 40 segundos del round 2.

Melvin alcanzó su victoria número 13 (9 nocauts) sin todavía conocer la derrota. Para el azteca fue su séptimo revés por 16 victorias (6 nocauts).