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En “Juego de Tronos” se disputan el dominio de siete reinos. Muy poco para este inspirador Roger Federer, el más genial tenista en el repaso de todos los tiempos, quien ayer, derrotando al croata Marin Čilić 6-2, 6-7, 6-3, 3-6 y 6-1, en un partido que parecía haber sido planificado por Aníbal el general cartaginés, se convirtió en el rey de las 20 coronas. Lo siento Daenerys, la reina de los dragones, eso está fuera de tu alcance.

Con 36 años y medio, Federer no debería estar en pie de guerra de esa forma, sino moviéndose difícilmente alrededor de su sombra. En el 2008, víctima de la monucliosis, parecía estar jugando sus últimos sets. Pensar que no volvería a ser un tenista dominante, capaz de producir más brillo, se consideraba una certeza. Pero Roger regresó con una determinación espartana, y trabajando con el empeño de Napoleón o de Balzac, 18 horas diarias, ahora da la impresión de haber rejuvenecido físicamente con el agregado de su experiencia y mayor destreza. Solo así se explica lo que vimos ayer en nuestra madrugada.

Pisando el acelerador

El cronista no puede resistir presenciar en directo algo histórico, quizás irrepetible con Nadal y Djokovic, más jóvenes, pero combatiendo con diferentes tipos de deterioro físico. Comprobé que la pasión por lo grandioso en el deporte, no tiene edad. ¡Cómo me impresionó ver a Federer apurado por resolver el primer set! No le dio respiro a Čilić quien se vio desbordado desde el propio arranque por la intensidad, la precisión y la geometría trazada por el suizo. En ventaja 4-0 con dos quiebres, Federer triunfó 6-2, alargando su racha de sets sin perder desde que el Open de Australia se puso en marcha. 

Esa racha fue cortada en el segundo set, cuando Čilić se fajó con bravura, exhibiendo temeridad con sus riesgosos cruces, única forma de desequilibrar a Federer, tan ágil y sólido en el fondo. Después del equilibrio 4-4, Čilić siempre estuvo en ventaja, incluso en el tie breaker, para triunfar 7-6 y abrirle las puertas a lo intrigante. La victoria de Federer en el tercer set por 6-3, distanciándose después de un 2-2 a base de un control admirable, con su servicio funcionando y sacando de posición a Čilić, hizo pensar que todo terminaría en el cuarto set, sobre todo viendo al suizo tomar ventaja 3-1.

Arrebato y contragolpe

¿Cómo fue posible que el croata, vencedor de Roger en la semifinal del Open USA 2014, lograra galvanizarse? Eso nos preguntábamos asombrados, mientras enderezaba el set apuntándose cinco games seguidos para establecer un 6-3, nivelando 2-2 la batalla. La preocupación por el suizo era obvia. Había sido sometido sin atenuantes en ese brillantísimo cierre de set por Čilić, que entre la expectación sobre lo que podría ofrecer el futuro inmediato, la posibilidad de ver a Federer golpear la historia con la conquista del Slam 20, se desvanecía entre las ruinas de Pompeya. 

No ocurrió eso. Federer se mostró reconstruido, consiguiendo ser lo necesariamente creativo, flexible, dinámico y destructivo, para adelantarse 3-0 aturdiendo a Čilić, quien se sintió recortado en alcance y precisión. Se acercó 3-1 el croata, y seguramente recordó su ruidosa remontada en el cuarto set, pero Federer no lo permitió, fue encima con su  agresividad, lo mantuvo ocupado buscando como llegar a las diagonales venenosas y las bolas cortas desesperantes, y se le escapó hasta sellar el 6-1 con una pelota que necesitó del ojo de halcón, convirtiéndose en el rey de las 20 coronas.