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Del muchacho Melvin López se tenía un mar de referencias positivas por su desempeño en el boxeo amateur. “Melo” brilló con su técnica y poder fulminador, considerándosele un futuro campeón mundial con proyección a convertirse en un peleador de niveles insospechados. 

Cuando anunció que saltaría al boxeo profesional en el 2015, recuerdo que tuve muchas expectativas. En 108 libras consideré que contaba con toda la capacidad para barrer con los rivales de ambas categorías a nivel nacional sin complicarse demasiado, siempre esperando una evolución más tangible en cada combate, mostrando mayor madurez y exponiendo esa gama de recursos con la que impactó en el amateurismo. 

No obstante, el mismo “Melo” ha ido perdiendo confianza no solo en la comunidad que sabe de boxeo sin poner el fanatismo por delante, sino también en el periodismo, que lo consideraba un prospecto que podía causar un mayor impacto. Hasta el momento, Melvin se ha mantenido invicto en 13 combates (9 nocauts), sin embargo, al margen de números, su desempeño en el ring no termina por convencer ante rivales de poco nombre y preocupa su falta compromiso antes de cada pelea.  

Y señalo el aspecto del compromiso porque “Melo” ha dado los suficientes argumentos para que se le critique. Imagínense que todavía no ha logrado mantener la estabilidad en la báscula, teniendo problemas prácticamente en todas las categorías que ha peleado. “Melo” tuvo inconvenientes de peso en 108, 112, 115, y recientemente hizo un desplante al marcar 123 previo a su último pleito contra el mexicano Aramis Solís pactado en 118 libras.

No sé si es que no entrena bien para sus peleas o tiene algún problema con su metabolismo que le perjudica para marcar el peso, pero hasta ahora nadie de su equipo de trabajo, me refiero a sus entrenadores, ha levantado la voz para explicar el porqué de estos problemas o exponerlo públicamente con el fin de que rectifique, por su bien. 

¡Ojo! Melo no se puede quejar de la gente que tiene en su entorno. Su entrenador es Gustavo Herrera, nada más y nada menos que el hombre que dirige a Román “Chocolatito” González y también cuenta con el apoyo en la esquina de Julio “Yambito” Gamboa. Creo que no es un problema de esquina, es más una falta de compromiso del peleador. Me cuesta creer cómo un muchacho del que se tienen tantas expectativas atraviese tantos problemas de peso y no se estabilice en una categoría. 

Actualmente es campeón latino 115 libras del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), todavía me cuesta entender por qué no se estabilizó en 108 o al menos en 112, dos categorías en las que realmente uno cree que hace más daño. Pero él se metió a la boca del lobo en un peso en el que ahorita mismo, si le tocara disputar un título mundial, no tiene absolutamente nada que hacer contra cualquiera de los campeones que están actualmente. 

Es difícil tener certeza sobre el futuro que le deparará a Melvin. Ojalá y reaccione, tome las cosas más en serio, tiene tiempo, porque el boxeo no se trata solo de alegrarse por ganarle a rivales discretos, este deporte también es disciplina, compromiso y seriedad. A eso súmenle que en su momento va a tener que enfrentar a un rival de jerarquía y, si no muestra una mayor madurez y evolución boxística, se va a topar con una realidad no tan agradable.