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Uno de los más grandes errores de Gerencia en la historia de las Grandes Ligas hay que apuntárselo a Al Campanis. ¿Cómo fue posible que los Dodgers perdieran a Roberto Clemente?
Después de haberlo visto batear .356 para Santurce en la liga boricua mostrando su gama de facultades, los Dodgers de Brooklyn le dieron a Clemente un bono de diez mil dólares para entrar en la organización.

Asignado a Montreal en las menores, Roberto sólo tomó turno 148 veces, bateando para un discreto .257. Así que los Dodgers esperaban esconderlo del interés de otros equipos. No tenían lugar para él en el equipo grande y según la reglamentación, de no ser trasladado a las Mayores, quedaría expuesto a verse involucrado en una transacción. Los Dodgers rezaron y cruzaron sus dedos mientras lo dejaban sin protección, pero pagaron muy caro tomar ese riesgo, porque los Piratas lo consiguieron por cuatro mil dólares, convirtiendo el operativo en uno de los “robos” más espectaculares en la historia del béisbol.

Fue asunto de olfato. Su debut con los Piratas en 1955 no fue espectacular, sin embargo, con sólo 20 años, podría ofrecer grandes progresos mientras los Piratas, un equipo en dificultades, le abría espacio. Más adelante, el diamante fue pulido.

En 1956 registró .311 puntos, demostrando que había encontrado la química. Fue la primera de 13 temporadas, en las cuales Clemente estuvo encima de la marca de los .300. Conociendo la amplitud de las dimensiones en el outfield del viejo Forbes Field en Pittsburgh, Clemente decidió sacrificar un poco de su poder con el objetivo de dirigir mejor sus batazos. Su control con el madero era extraordinario y ese fuerte brazo le permitió construir un inmenso respeto recortando el atrevimiento de los corredores, además sus habilidades defensivas fueron creciendo haciéndolo cada vez más útil.

En 1960 terminó de saltar hacia el estrellato. Los Piratas ganaron la Serie Mundial con el jonrón de Mazeroski y Roberto hiteando en cada uno de los siete juegos, mientras realizaba un patrullaje impresionante. Un año después, Clemente ganó el primero de sus cuatro campeonatos de bateo con .351 puntos descargando 23 jonrones.

Pese a considerarse menospreciado por la crónica norteamericana de la cual se quejó constantemente, Clemente fue seleccionado para participar en 14 juegos de Estrellas, logrando ocho temporadas consecutivas sobre los .300, con doce guantes de oro y un título Más Valioso en 1966.

En 1971, después de batear para .341, condujo a los Piratas a otra victoria de Serie Mundial. En ese clásico, se elevó hasta .414 con dos jonrones, fildeó de forma brillante y fue nombrado Jugador Más Valioso. En su momento cumbre, ¿quién iba a pensar que sólo jugaría otra temporada, la de 1972, y que su último hit, un doble contra John Matlack de los Mets, sería precisamente el número 3,000?
Vino a Nicaragua por segunda vez como Manager de Puerto Rico en noviembre de 1972 y fue parte de aquel Mundial inolvidable, antes de morir en un riesgoso viaje de ayuda humanitaria para los damnificados del terremoto. Tenía 38 años y en 1973, casi de inmediato, entró al Salón de la Fama.