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Cuando un torneo tiene un buen rato de estar realizándose y no levanta espuma, es que no han encontrado la forma de hacerlo interesante. Es lo que ocurre con la Serie Latinoamericana que acaba de ganar con indiscutida superioridad, el equipo Tigres del Chinandega. Llegó público al último juego que se suponía con algo de intriga, pero no encontró forma de emocionarse. Lo visto fue unilateral, con el Chinandega dirigido por Lenín Picota, manejando las riendas a su gusto y antojo mientras se imponía 9 por 1 con suficiente cañoneo y un picheo lo necesariamente enérgico. 

Lo más recordable

Cuatro triunfos en cuatro juegos, y solo uno de ellos –el robo de botín a Curazao-, con alto grado de dificultad aunque sin preocupación, porque todo estaba escrito más allá del resultado. Aun perdiendo, los Tigres estaban sembrados para disputar la final por ser el equipo casero, y aún ganando, el Wildcats tendría que enfrentarse al Tobis de México en un duelo de vencer o morir. El único factor de motivación para el Chinandega, era la conservación del invicto y evitar una pérdida de respeto. Así que voltear ese 3-5 adverso para convertirlo en el 6-5 favorable, tuvo significado.

Ese fue el único juego merecedor de ser recordado en esta Serie. Obviamente muy poco, y explica el decrecimiento del interés popular en las jornadas 2 y 3, jugadas en familia como decía mi abuelo. Un agudo problema es la falta de figuras. Si buscamos algunas las vamos a encontrar en el equipo de casa no en los visitantes. Norlando, Ortiz, Walton, Vásquez, Elmer, pertenecen a los Tigres. Ni siquiera Yurandel de Caster, reducido a 231 puntos, un triple corona aquí, dejó alguna huella visible en la serie. ¿Cómo atraer público y fabricar interés sin figuras? Eso no es posible.

La necesidad de figuras

Se vieron jugadas defensivas con carga eléctrica, y también los contrastes, errores constantes en jugadas sencillas, asegurando la inseguridad, y en materia de picheo, lo fatal: ningún brazo de los que vinieron tendrá más utilidad que la de ser levantado para peinarse. El éxito de aquella famosa serie de 1964 ganada por el Cinco Estrellas, el mejor torneo que mis ojos han visto por estos lados se fundamentó en las figuras, en la estructura de los equipos, en la consistencia del picheo. Por supuesto, esos peloteros están fuera de alcance esta época, pero el nivel de los que vienen es muy bajo.

Menos mal que no llegaron Chile y Argentina. ¿Se imaginan eso incrementando la pobreza del espectáculo? No era una buena ocurrencia, ni apostando a lo casual. Al no poder asistir Colombia, quedó la impresión que en la zona, nuestro beisbol es el único que vale la pena considerar. El problema de la falta de atracción no se resuelve aumentando el número de equipos, si estos carecen de nivel de competencia. La presencia del subcampeón cubano sería estimulante, y moverse hacia otros lados de México. El equipo panameño pasó de noche volando bajo. Sin los recursos suficientes, no se puede reconfigurar la realidad. Ese es el personal disponible que se tiene, y por lo tanto, se ve improbable aplicar variantes.