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Después de dedicarse un poco más de la mitad de su vida a jugar futbol, comenzando a los 15 en la categoría juvenil del Club Deportivo Motagua, de su natal Honduras, el atacante Herberth Antonio Cabrera Serrano, que hoy arriba a sus 32 años de edad, observa por el áspero retrovisor todo lo que le ha dejado el deporte: premios individuales y colectivos, el cariño de los fanáticos y lo más importante de todo, una familia.Cabrera considera que aún puede jugar en Primera División, antes de anunciar su retiro oficial.

“Nicaragua me ha dado mucho, no esperé tener tanto cuando vine de Honduras. Vine a préstamo de Motagua, pero me enamoré de la ciudad de Diriamba, le agarré cariño y pronto conocí a la que ahora es mi esposa. Ya Dios puso en mi camino que encontrara a mi familia aquí, dejé todo en Honduras y estoy feliz por lo que tengo en este hermoso país”, manifestó el atacante, quien después de cinco años jugando en los Caciques pasó por el Managua FC y la UNAN-Managua, clubes a los que le tiene especial cariño, pero incomparable con el que ambienta por el Diriangén.

Cabrera llegó a Nicaragua en 2008 para reforzar a los Caciques en el torneo de Apertura, con el reto de contribuir a los objetivos de ese club y de pulirse como futbolista. Para su infortunio no logró ser campeón en esa institución, pero sí exhibió destellos de calidad y le valió para mantenerse en el balompié nacional en las siguientes temporadas. Según datos oficiales de la Liga Primera, proporcionados por Mendelson Nicoya, el delantero catracho anotó 58 goles con el Diriangén.

En total, Cabrera ha anotado 71 goles, siendo el cuarto hondureño con más anotaciones en el balompié pinolero, por detrás de Elmer Mejía (122); César Salandia (86) y Luis Balladares (84), y por encima de Erick Sierra (52); José Alejandro Mejía (45) y Víctor Carrasco (43), todos pertenecientes al selecto grupo de jugadores hondureños de elevado prestigio. 

Aunque la última temporada que Herberth jugó en Primera División se remonta al 2014, misma en la que la UNAN-Managua disputó su primer torneo en la máxima categoría del futbol casero, no ha anunciado su retiro de forma oficial y deja abierta la posibilidad de quemar sus últimos cartuchos en Primera si se dan las condiciones, para luego cerrar su ciclo como jugador profesional y dedicarse a desempeñar sus funciones como asistente de gerencia de la Liga.

“Realmente he pensado en seguir jugando, hubo ofertas antes del inicio del Clausura actual de dos equipos, uno de la capital y del propio Diriangén, pero a pesar que me movió el piso la idea de jugar, puse sobre una balanza las prioridades: era jugar a cambio de dejar un trabajo seguro. Yo amo el futbol, pero más a mi familia y he pensado más allá del futbol, aunque me ha costado asimilarlo, así que es posible que regrese a jugar en Primera División, siempre y cuando existan las condiciones”, aseveró Cabrera.

Papá y futuro abogado

El destacado entrenador y otrora jugador de los Caciques, Mauricio Cruz, fue quien trajo a Cabrera a Nicaragua, confiando en que su calidad sería clave en el proyecto del equipo. Desde el inicio la relación entre ambos fue buena, basada en respeto y admiración mutua. Unos años después de haber llegado al país, el jugador hondureño conoció a María Alejandra Cruz Jirón, hija de quien fuera su entrenador y con la que ahora disfruta de sus pequeñas Mariana Londoño Cruz y Mía Valentina Cabrera Cruz, de 13 y 2 años, respectivamente.

“Llegar a Nicaragua me cambió la vida, estando en Diriangén apareció una oferta para jugar en Estados Unidos, en el Miami Fusion, pero Motagua me truncó la oportunidad de emigrar a aquel país. Entonces me enfoqué en seguir trabajando en el Diriangén, abriéndome camino y a la larga terminé siendo uno de sus máximos goleadores extranjeros. Luego me enamoré de la que ahora es mi esposa, con la que tengo una familia a la que amo y por la que lucho cada día”, expone Cabrera, quien este año podría graduarse de la carrera de Derecho.

No todo ha sido color rosa en la vida de Cabrera estando en Nicaragua. En apenas su segundo partido con los Caciques sufrió una lesión en la clavícula, que lo privó de disputar varias jornadas y tuvo que someterse a una intensa recuperación. En 2011, durante un partido ante el Real Estelí, tuvo un choque de cabezas con Félix “Coquito” Rodríguez, y sufrió una cortadura cerca de la ceja izquierda que lo hizo perder la conciencia durante unas cinco horas, que incluso pudo costarle la vida. 

Sin embargo, Cabrera admite que es feliz, porque siempre ha mostrado agallas en medio de las dificultades y tal como si se tratara de un juego de futbol, ha superado las barreras que ha encontrado en su camino. Al lado de su esposa María Alejandra, de sus hijas Mariana y Mía, y viendo como un segundo padre a Mauricio Cruz, su suegro, Herbert puede presumir de que ha logrado muchos más éxitos de los que pudo imaginarse y espera seguir en esa línea.