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Utilizando lo figurado, si ayer en el Estadio de Cornellá, siempre una caldera humeante aún lloviendo intensamente, se le hubiera preguntado a ese rebelde y fieramente combativo Gerard Piqué, con el Barcelona atrás 0-1 frente al Español, el tiempo agotándose y el público rugiendo escandalosamente, cuál sería su último deseo antes de morir, seguramente habría respondido: hacer un gol aquí, ahora y silenciar a esta gente. Eso fue precisamente lo que ocurrió en el minuto 81, cuando Piqué se elevó entre los mastines del Español, como si buscara asomarse al último piso de la Torre Eiffel, para golpear con su cabeza caliente y con potencia suficiente, el centro que Messi hizo llegar desde la izquierda. En ese instante, perforado el arquero Diego López y sacudidas las redes, la ventaja proporcionada por el gol de Gerard Moreno en el minuto 65, fue borrada. El cabezazo de Piqué sellando el 1-1, salvaba el invicto del equipo azulgrana en la Liga, un timbre de orgullo después de 22 juegos.

Ajustó cuentas

Fue una venganza para el central del Barsa permanente abucheado a lo largo de todo el juego. Desde que se anunció su nombre, las tribunas se crisparon cada vez que entraba en contacto con el balón, el público le mostraba su rechazo; en cada minuto, la incomodidad lo mordía. Sin embargo, Piqué estuvo masticando rabia en forma imperturbable, demostrando ser capaz de moverse con aplomo y claridad encima de todas las miserias. En cada abucheo, rechinaban sus dientes y entre la lluvia, salían llamas de sus ojos. No le importaba estar en un campo minado. Jugó siempre hacia delante confiando en la solvencia de Umtiti. Se metió al centro del área en busca de golpear los dos tiros de esquina previamente ejecutados por el recién ingresado Messi, y en la tercera oportunidad, con el argentino adentro un par de metros enviando la pelota por arriba, el gol con rabia de Piqué, el de su revancha. Salió del área con el dedo índice en sus labios silenciando al público intentando darle vuelta a la cancha. Le había robado la victoria al Español y salvado el invicto y el orgullo del Barcelona. 

Las joyas en el banco

Ni la lluvia, tan copiosa como imparable, ni la pesadez del terreno, ni la dificultad para hacer circular el balón, aplacaron la intensidad y apagaron la furia. Mas allá de la aplastante superioridad del Barcelona en la posesión del balón, de la multiplicación de esfuerzos de Coutinho, quien estrelló en la escuadra superior izquierda de Diego López un cañonazo de derecha del cual todavía se estaría hablando, del peligro inminente que producían las contraofensivas del español y de la presión encima de las dos defensas, estaba la ferocidad de la batalla sin cuartel alrededor de ese 0-0, quebrado por el gol de Moreno a los 65, recibiendo un preciso trazado aéreo de Sergio García, solo posible por parte de un arquitecto como Calatrava, y rematando con frialdad y certeza, inutilizando el intento de desvío de Ter Stegen. Sobre ese 1-0, se afianzó el Español con el Barsa tratando de apurarse contra reloj entre un oleaje entorpecedor. Con la soga al cuello, Valverde sacó del banco a Lionel Messi, Sergi Roberto y Jordi Alba en busca de evitar la primera caída, pero el Español resistía y amenazaba con peligrosas proyecciones, mientras Rakitic sin posibilidad de ingresar por estar hechos todos los cambios, solo observaba la batalla. Hasta que el minuto 81, centró Messi, cabeceó Piqué, y Barcelona se estremeció con el 1-1 entre sus dos equipos.