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Sobreviviendo a tres cuadrangulares disparados por Antony García, Rubén Gotay y Dayron Vatona, todos sin embasados, y manejando la presión de un 3-3 hasta el séptimo inning, Cuba dobló las rodillas de Puerto Rico imponiéndose 6-3 con picheo combinado de Ulfrido García y Leandro Martínez, el estacazo de Frank Morejón, y sin fallas en la defensa. Una proyección insospechada de un equipo que crece a base de bravura, que no se siente menos que los otros, y que confía en su capacidad. Sin compararse con aquellos equipos que dominaron el Caribe entre 1949 y 1960, y tampoco con los que se pavonearon con arrogante superioridad en los años 80 y los 90, enfrentado el reto de los prospectos asiáticos, estadounidenses y canadienses, este Cuba modelo 2018, logra fabricar resultados. 

Toda ha sido difícil

Es un equipo que no mete miedo, como lo hacían en otra esfera de competencia los de Casanova, Kindelán, Linares, Gourriel y tantos ases en mano, pero que resultados sobre el tapete, impone respeto. No presenta grandes nombres, excepto los de Cepeda y Despaigne –este con problemas musculares-, ambos veteranos de cien batallas, pero con elementos que están saltando bruscamente a la notoriedad, funciona como los Halcones Negros “todos para uno y uno para todos”. Cada uno de los tres triunfos cubanos ha estado revestido de un alto grado de dificultad, lo que hace más admirable su avance. Los de Granma derrotaron 6-4 a los Caribes de Anzoátegui, 5-4 a los Tomateros de Culiacán viniendo desde atrás, perdieron 1-7 frente al resurgente Águilas de Cibao, y superaron 6-3 al Caguas arremetiendo en la recta final.Las buenas jugadas no han faltado en la Serie del Caribe.

El Lic. Puello, presidente de la Confederación del Caribe, sueña con una de estas Series en el Estadio Latino, pero nosotros, como fanáticos, preferimos ver –igual que en el Clásico- a un equipo cubano fortalecido con varios de sus peloteros de Ligas Menores, como lo hacen los otros, que incluyen a algunos que han estado en Grandes Ligas aunque sin dejar huellas visibles. Pese al impacto producido por su avance a semifinales, cuesta fijar a Cuba como finalista, pero estamos claros que se trata del equipo más difícil de vencer visto hasta hoy en esta Serie, un mérito mayúsculo.

Otra gran batalla

Ayer, Cuba, con vuela cercas de Frank Morejón y picheo de sostenimiento, se impuso a Puerto Rico por 6-3 registrando su tercer triunfo con un ataque de 11 hits, jugando sin fallas en la defensa. Este equipo cubano que veremos en el Dennis Martínez en unos días, está confeccionado –al incluir refuerzos- con lo mejor de la isla, una aproximación a la Selección Nacional que desde la apertura de espacios al beisbol profesional en Laussane, ha estado atravesando dificultades en los eventos internacionales, como ocurrió en los Panamericanos de Winnipeg en 1999, perdiendo dos veces. Pero no tiene la familiaridad con un exigente nivel de competencia, como los campeones de México, Dominicana, Puerto Rico y Venezuela. Es por eso, que no se le considera como finalista en los cálculos previos. El lanzador Leandro Martínez (izq.) de Alazanes del Granma de Cuba celebra después de ganar a Criollos de Caguas de Puerto Rico

Sin embargo, en el 2006, sorprendió a medio mundo beisbolero, llegando a la final del primer Clásico retando a Japón, después de abrirse paso entre equipos de puros big leaguers, muchos cobrando los millones que hoy ganan Puig, Abreu, Chapman y tantos otros. Cuba no regresó a esos niveles en los Clásicos, pero logró ganar sorprendente el título en su segunda incursión en Series del Caribe durante el 2015, rezagándose en el 2016 y 2017, para pretender volver al trono contra pronósticos en este 2018. Todo va a depender de la bravura, su mejor arma.