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Marcelo se robó el show, Asensio entró a revolucionar y la arquitectura de Modric fue fascinante y útil, pero quien resuelve los juegos es el goleador, ese que cuando golpea, mata. ¡Cómo pega Cristiano! apunté en mi libreta después de ese cañonazo desde los doce pasos capaz de derribar los muros de Jericó, repitiendo la frase después de esa arremetida que le permitió, con un rodillazo, adelantar al equipo de la realeza 2-1. Su velocidad, ese exuberante poderío físico, y su punch, le dan forma a un combo, que convierte a Cristiano en el hombre de área más temible que se ha visto en la redondez del planeta futbol. No sé cómo el arquero Alphonse Areola conservó su cabeza siendo impactado en su rostro en el minuto 29, por uno de esos megarremates del portugués. 

Una batalla rabiosa

Triunfó el Madrid 3-1 pese a la brillantez de Neymar y la presencia de Mbappé, volteando con un cierre fantasioso y eriza pelos, ese amenazante 1-0 facilitado por la estocada de derecha de Rabiot, aprovechando la maniobra y el trazo de Mbappé dentro del área. Dos goles de Cristiano, uno de penal, y el latigazo de Marcelo, recibiendo de Asensio, colocaron al Madrid en ruta hacia los cuartos, fortaleciendo su pretensión de conquistar su 13 Champions. ¡Qué duelo más intenso amigos! Rabioso, a cara descubierta y con los cuchillos entre los dientes, con el Madrid saliendo a presionar decididamente con Modric, Kroos e Isco, volcados, prevaleciendo en los quites y los enlaces. Tomó su tiempo el PSG para ordenarse entre el vértigo y comenzar a proyectarse, con Neymar cargando con una tarjeta amarilla por su incomodidad inicial con Nacho. Nada para nadie, hasta el gol de Rabiot a los 33 minutos, sin titubeos y con precisión, preocupando al Bernabéu.

¿Cómo fue posible que LoCelso cometiera esa falta innecesaria sobre Kroos en el área por terminar el primer tiempo? Nadie lo entendía, mucho menos en las repeticiones. El técnico Emery sintió que se lo tragaba la tierra mientras Cristiano soltaba ese impresionante taponazo a la derecha de Areola, hinchando las redes, estableciendo el 1-1. No lo consideraba el principio del fin, pero podría serlo con 45 minutos pendientes. El PSG salió apurado y Keylor atajó un disparo de Mbappé, con Neymar en movimiento desequilibrando por la izquierda y desplazándose hacia el centro, en tanto Cavani perdía contacto. En el minuto 54, el soberbio cañonazo de Rabiot rebota en el antebrazo de Ramos interrumpiendo una veloz y peligrosa trayectoria. Podía ser penal, pero no lo fue, y se mantuvo el equilibrio.

Espectacular cierre

Ambos equipos decidieron retar el desgaste y siguieron funcionando al máximo de revoluciones por minuto, con buen criterio, sin precipitaciones, excepto en el accionar en las dos áreas, con las defensas multiplicándose, tratando de evitar riesgos. En ese ajetreo de mayúscula intensidad, el Madrid llegó a tener más de 10 tiros de esquina sin poder sacar provecho a la elevación de sus cabeceadores. Ingresó Meunier por Cavani a los 65, después Bale por Benzema, y en el minuto 78 Asensio por Isco y Lucas Vásquez por Casemiro. Piernas frescas y pulmones nuevos, agregando ideas claras entre las dificultades de la agitación, favorecieron al Real Madrid. En la otra acera, Emery no tenía disponibles ese tipo de reservas revitalizantes.

Fue esa recarga de energías y habilidades lo que impulsó al Madrid decididamente hacia la victoria. Con sus penetraciones, Asensio revolucionó por la izquierda, recibió un trazo de Modric en el minuto 82, avanzó y cruzó la pelota peligrosa que desesperadamente manoteó Areola con Cristiano, entrando y golpeando el balón con su rodilla izquierda para el 2-1, galvanizante. Y sin dar respiro, otra incursión de Asensio, siempre por la izquierda en busca del fondo, sin encontrar enemigos, proporcionando a Marcelo de extraordinaria ejecutoria, una entrega apropiada para su remate zurdo imparable, estableciendo el 3-1. Aún jugando el retorno en París, parece poco probable que el PSG, aún con la brillantez de Neymar y la incidencia de Mbappé, puedan forzar un milagro.

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