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¿Tienen ustedes una idea de lo que es escuchar los lamentos de un país alrededor de un hecho deportivo? Ocurrió hace 44 años, la noche triste del 16 de febrero de 1974, cuando todos esperábamos la coronación de Alexis Argüello frente al panameño Ernesto “Ñato” Marcel, campeón Pluma de la AMB. ¡Qué importaba que el escenario fuera el gimnasio Nuevo Panamá, en ese entonces, tan reluciente. En la imaginación de los miles de nicas que viajaron a Panamá y las legiones aquí pendientes, solo había espacio para la victoria. Entre el optimismo excesivo, la posibilidad de perder, no existía.

Pero, después de 15 asaltos, el punch de Alexis no había podido resolver la incansable movilidad y los trucos del “Ñato” siendo vencido. Quedó entre las intrigas ¿cómo fue que Marcel salió revitalizado de ese infierno que fueron para él los rounds 9 y 10, con el flaco suelto, ansioso y hambriento? Sorprendentemente, el panameño tuvo suficiente aliento y la necesaria destreza, para cerrar fuerte y sellar una significativa victoria, conservando su corona. El retador no logró concretar la proeza, y todos nos derrumbamos como golpeados por una combinación de Joe Frazier.

Errores en los cálculos

También Alexis se derrumbó en su butaca y lloró. “Lo siento, les fallé”, dijo sintiéndose destrozado por dentro. Para un zorro tan astuto como Marcel, estaba aún verde, pero cayó ofreciendo su mayor esfuerzo, buscando siempre la pelea, persiguiendo a una sombra. “Le faltó madurez, está joven y tendrá otra oportunidad”, le manifestó Harmodio Icaza al Dr. Eduardo Román, antes de ser contratado para manejar las conexiones del flaco, en vista del retiro de Marcel, su peleador. Movimiento que fue un gran acierto de Román. Icaza abrió las puertas de un futuro inmediato, comenzando con la contratación de “El Curro” Dossman.

Unos días antes, en aquel mes de febrero de 1974, meciéndonos en la butaca de los cálculos previos, cobijados por un natural nerviosismo pese a la confianza exuberante, todos nos preguntábamos: ¿Cómo podrá Ernesto “Ñato” Marcel escapar a la destrucción frente a los cañones siempre humeantes de Alexis Argüello? La fe en Argüello, nos cegó y le negamos cualquier posibilidad al canalero. Solo nos imaginamos verlo derrumbado, con el referí llevando el conteo a 10 y Nicaragua entera estallando de júbilo, haciendo sonar los clarines. Nos olvidamos que Marcel poseía, como lo había demostrado reiteradamente, un par de  piernas ágiles y resistentes, un poder asimilativo admirable, una flexibilidad envidiable, y una mayor cuota de tecnicismo que el flaco, lo que, agregado a su condición de local y de Campeón Mundial, lo convertía en un rival  doblemente peligroso.

Frustración fue terrible

No, no nos detuvimos a reparar que como campeón, Marcel bien podía esperar, ceder la iniciativa, calibrar el ritmo de las acciones, buscando obviamente como imponer su velocidad en el contragolpe, asegurando poder escapar a los escopetazos de Alexis utilizando oportunamente, como lo hizo, su habilidad para pelear retrocediendo. No era Marcel un púgil deteriorado. Cierto, pensaba no seguir peleando, pero tenía mucho que ofrecer. El hombre que fue a  brindarle una tórrida batalla a Shibata en Japón, que despojó a Antonio Gómez de su título en Venezuela, que soportó el ataque abierto de hombres como Alfredo Marcano y “Mano de Piedra” Durán conservando la vertical, tenía que ser considerado un hueso duro de roer.

No, eso no nos importaba, mucho menos nos preocupaba. Solo pensamos en la calma sanguinaria de Alexis, en sus ventajas en antropometría, en su confianza absoluta y en ese golpeo aniquilante. Tiene que pararse, y entonces el flaco va a clavarlo. No puede Marcel pasar huyendo por 15 asaltos. Debe ser noqueado. Y cuando llegó la hora de la verdad, la frustración nos cayó encima haciéndonos sentir como aplastados por una pared. Cuando lo que ocurre arranca de un tajo las bases construidas por la imaginación, todo es oscuro y amargo. Ese 16 de febrero de 1974, Alexis y sus miles de seguidores, vivieron una noche triste. Pero supo reconstruirse, y en noviembre de ese mismo año, se estaba coronando.