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En Barcelona, nadie ha podido dormir. No saber qué hacer con el balón, perdiendo 0-1 y el tiempo agotándose, encontrando todas las puertas cerradas por esa enérgica defensa del Chelsea que parecía multiplicarse logrando anticipos oportunos y cierres apropiados, era desesperante. Los dos cañonazos del brasileño William, sacando astillas de los postes derecho e izquierdo, resonaban amenazando hacer estallar los oídos. Al amanecer, el equipo azulgrana sudaba helado, suspiraba sin querer y seguía sin tener un instante de sosiego, como diría Gabo. El gol de Messi recibiendo de Iniesta fue algo milagroso en el minuto 74. En ese momento, el Barcelona lograba evitar enloquecer intentando salir del último de los círculos de un infierno, que consumía su impotencia.

El 1-1 fue un renacer azulgrana. La necesidad de marcar en Stamford Bridge era imperiosa, y con un golpe de lo casual, el equipo de Valverde lo logró, sacándole máximo provecho a un desconcierto. Un poco más del 70 por ciento de posesión había resultado inútil, mientras el Chelsea, realizando ingresos ocasionales, con el contragolpe como arma fundamental como en el 2012, cuando los goles de Ramírez y Torres sepultaron al Barsa, provocaba pánico cada vez que desbordaba. 

En movimiento pero vacío

Hasta el minuto 74, pese a esa abrumadora superioridad con el balón en su poder, pero limitado en su accionar por falta de ideas claras, y sin encontrar espacios para apretar el gatillo, el Barcelona, atrás 0-1 frente al Chelsea por la estocada rasante de William a los 62, se veía en movimiento pero vacío, petrificado con el índice en los labios, sin respirar. La posibilidad del gol del empate estaba desvaneciéndose acelerada y dramáticamente cuando una falla de Christensen fue aprovechada por Iniesta, ese pequeño fantasma, que a la inversa de lo ocurrido en el 2009, entregó con certeza y sin titubeos para el remate de zurda que estableció el 1-1. ​

El 14 de marzo será el segundo juego en el Camp Nou. AFP

El arquero Ter Stegen ni siquiera parpadeó. Los dos bombazos de derecha de William lo dejaron inmovilizado, uno en el minuto 32 y otro en el 40. El falso 0-0 era una seria advertencia para el líder invicto de la Liga española. Messi perseguido y obstaculizado por Kanté, un guardián mordedor, tenía rápidamente a dos más encima, y hasta tres, en su pretensión de conseguir espacio y posición de tiro. Había entregado una pelota de oro que Paulinho malogró pegándole mal con la cabeza, y recibiendo otra en el punto de penal, fue acorralado viéndose sin salida. Apretando tuercas, el Chelsea estaba funcionando casi perfecto.

¿Cómo fue posible permitir que William, en la progresión de un corner ejecutado en corto, recibiera por el centro, no solo destapado, sino con tiempo y espacio para adelantar y apretar el gatillo libre de marca, dejando sin chance a Ter Stegen. Un remate rasante, potente y certero, junto al poste derecho. El estallido de júbilo en Stanford Bridge, estremeció Inglaterra, haciendo sonar las alarmas en el planeta futbol. Ahora más que nunca, con menos de media hora de vida, el Barsa estaba obligado a marcar, y lo logró en el 74 al fallar Christiensen, volcarse Iniesta, cruzar hacia el centro con la sutileza de un maestro, y aparecer Messi con ese zurdazo, junto al poste izquierdo, perforando a Curtois.

El astro argentino Lionel Messi tenía 12 años de no marcar en el campo del Chelsea, en Londres. AFP

Entre serias dudas

No dejó una buena sensación el Barcelona, pese a rescatar el empate. Quedó entre serias dudas. Esa inutilidad con tanto manejo de balón, lo había colocado al borde de lo fatal varias veces, y se salvó de una inminente derrota, gracias a los benditos postes que devolvieron los dos trallazos de William. ¡Qué suerte la del Barsa! Un 0-0 en el Nou Camp lo clasifica, pero seguramente veremos un Chelsea menos reservado, más volcado, sabiendo que puede atreverse. El futuro es borroso para los dos equipos.