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La historia volvió a repetirse. Nicaragua cayó ante cuba y a diferencia del primer encuentro esta vez la victoria del conjunto cubano fue contundente. El marcador de 7-1 no deja espacio a dudas. El equipo nicaragüense golpeó primero adelantándose 1-0, sin embargo, la selección antillana, apoyada en un picheo dominante y en una brava ofensiva, rápidamente le dio vuelta a la pizarra y tomó la riendas del partido hasta derrotar por segunda noche consecutiva al combinado pinolero, que ya acumula 20 juegos amistosos en fila sin conocer el triunfo ante los isleños.

En contraste con el primer desafío, en el que Cuba tomó ventaja primero, esta vez fueron los nicaragüenses los encargados de abrir el marcador. Tras dominar al chavalo Norlando Valle, el abridor cubano Bladimir Baños fue sorprendido por el también novel pelotero Benjamín Alegría, quien descifrándolo consiguió un triple entre el jardín central y el izquierdo, para luego anotar la primera carrera del encuentro como resultado del cañonazo conectado por al antesalista Elmer Reyes. Los más de doce mil aficionados en el estadio saltaron de sus asientos y gritaron con tal júbilo que parecían estar celebrando una victoria.

Téller salió temprano

Sin embargo, el conjunto cubano, exhibiendo su característica agresividad ofensiva, se encargó de inmediato de apagar el entusiasmo pinolero dándole vuelta al marcador 2-1 en el propio cierre de la primera entrada. El zurdo Carlos Téller, titubeante y divorciado de la zona de strike, permitió imparables consecutivos de Roel Santos y Juan Carlos Torriente, le dio base por bolas al peligroso Guillermo Avilés y tras ponchar al legendario Frederich Cepeda, permitió la anotación del empate con un wildpitch y no pudo evitar el fly de sacrificio con el que Alexander Ayala puso en ventaja a los isleños.La selección cubana conectó un total de 13 imparables. Ronald Peralta/ END

En la segunda entrada, mientras Baños retiraba sin complicaciones a los tres que enfrentó, Téller fue incapaz de realizar los ajustes necesarios para frenar el ímpetu de sus rivales y lo pagó caro, pues lo explotaron produciéndole para de anotaciones. Tras permitir el imparable de Lázaro Cedeño, el zurdo pareció enderezarse dominando en fila a Frank Morejón y a Jorge Tartabull, pero cañonazos consecutivos de Torriente y Avilés lo expulsaron del encuentro dejándolo perdido 4-1. En su lugar entró  José Elías Villegas, quien tras sacar el out pendiente, flaqueó en el cierre del tercero y permitió que los cubanos, gracias a un sencillo remolcador de dos carreras de Tartabull, ampliaran la ventaja a 6-1.

Glasgon frena a los cubanos

Tras la discreta aparición de Villegas y con los cubanos amenazando con seguir su ruidoso ataque, el lanzador costeño Ernesto Glasgon se hizo cargo del montículo y para alivio de la tropa nicaragüense llegó a frenar la furia ofensiva de los antillanos. Durante dos episodios y dos tercios, el joven pistolero limitó a sus adversarios a solo un hit, a la vez que conseguía un ponche. Lamentablemente, su excelente trabajo no inspiró a los bateadores nicas, que lucían inofensivos ante el picheo isleño.El zurdo Carlos Téller cargó con la derrota tras permitir 4 carreras en menos de dos innings. Ronald Peralta/END

Fue después de la salida de Glasgon y con el muchacho Ángel Obando en el montículo que los cubanos consiguieron volver a modificar el marcador y establecerlo de forma definitiva en 7-1, un registro que reflejaba matices la superioridad de Cuba, que bombardeó al picheo nicaragüense con un total de 13 imparables. Los últimos tiradores nicas en aparecer en escena fueron Jaysson Aburto y Junior Téllez, ambos consiguieron salir ilesos ante el trabuco cubano.​

Ofensiva nica fue maniatada  

Luego de la primera anotación en el arranque del encuentro, los artilleros nicaragüenses fueron completamente silenciados por el experimentado abridor cubano Bladimir Baños, quien durante seis episodios completos los redujo a cuatro hits y les propinó cinco ponches. Luego, los relevistas Erly Casanova y José Ángel García se combinaron para seguir sometiendo a los nicas, que al finalizar el encuentro acumularon solo seis cañonazos.