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No es que en Nicaragua vivamos aferrados a los triunfos pasados o a las viejas historias de los grandes atletas de antaño, sino que hay victorias de tan gran significado y deportistas forjadores de tan grandes proezas que se vuelven imposibles de olvidar. Tal es el caso del derecho leonés Julio Juárez y su victoria por blanqueada de 2-0 la noche del 3 de diciembre de 1972 ante un equipo cubano intimidante hombre por hombre. ¿Cómo dejar en la oscuridad del olvido ese triunfo tan resonante? Imposible. “Todos los días recuerdo esa noche, es como si hubiera ocurrido ayer”, ha dicho Juárez en reiteradas ocasiones, consciente que al igual que él, este pueblo tan sujeto a malas noticias, tampoco olvida la noche en las que él lo hizo estallar de júbilo.  

“Cómo me alegra recordar aquel 3 de diciembre de 1972”, dijo Juárez justo antes de aparecer en escena para realizar el lanzamiento de la primera bola previo al inicio del primer juego de la Serie Internacional entre Cuba y Nicaragua. “Ni siquiera puedo olvidar lo que pasó una noche antes de ese juego. Recuerdo que yo estaba escuchando una canción del reconocido grupo Los Tecolines, cuando los entrenadores llegaron a decirme que sería el encargado de lanzarle a Cuba. No me quedó de otra que aceptar el reto”, contó el exlanzador, añadiendo que una vez terminó de oír la música, se fue a su cama a “repasar cómo le tiraría a cada bateador”. “¿Que a qué hora me dormí esa noche? No sé”, expresó Juárez mientras soltaba una carcajada, como esas de quienes rememoran un logro que marcó la historia de sus vidas.

“Yo quiero dejar claro algo, Cuba me sacaba a palo las veces que yo le abría, lo más que les aguantaba era un inning y dos tercios o menos, y salía explotado hacia el dogout a ponerme hielo. Eso lo hicieron muchas veces. Fue hasta en un Campeonato en Holanda que por primera vez pude aguantarles ocho entradas y luego esta blanqueada que todos recordamos”, comentó Juárez en un alarde de genuina sinceridad, añadiendo que “para forjar ese triunfo ante los cubanos tuve que saber manejar mis tres envíos: la recta, la curva, y los lanzamientos de nudillo, aunque lo más importante fue el control, pues yo era un lanzador que ponía la bola donde quería y cuando quería”.

Emotivo primer lanzamiento

Tras conversar muy amablemente con los medios, Juárez se dispuso a subir al montículo del Estadio Nacional Dennis Martínez para lanzar la primera bola. Su rostro y su cuerpo eran muy distintos al del hombre de apariencia fuerte que 46 años atrás había blanqueado a Cuba. Mientras posaba en la loma del estadio que él considera “el mejor del mundo por ser de Nicaragua”, en la pantalla gigante se presentaba el video del doble play con el que finalizó aquel histórico desafío y la fotografía en la que Juárez era cargado por los aficionados en medio de una ovación escandalosa. 

“Lo que más tengo en la memoria de lo ocurrido en aquella noche gloriosa es la ovación de la gente. Los aficionados gritaron tanto que daba la impresión de haberse adelantado La Gritería. Nicaragua toda estaba contenta, aquello fue un suceso indescriptible”, recordó Julio, a la vez que manifestó que “solo el terremoto y la posterior muerte de Roberto Clemente pudieron opacar la gran actuación de esa selección de 1972”.

De regreso a lo ocurrido el pasado 23 de febrero en el Estadio Nacional, una vez superada la emoción de haber vuelto la noche más recordada de su carrera como lanzador de la selección nacional, Juárez puso el pie en el box, miró al joven receptor Ronald Rivera y lanzó la primera bola. El bateador, el legendario cubano Frederich Cepeda, solo observó pasar el lanzamiento y de inmediato los miles de aficionados en el nuevo palacio del beisbol nicaragüense se unieron en una emotiva aclamación al extirador leonés, que seguramente volvió a sentirse como en aquel 3 de diciembre, cuando la gente gritó “Juárez, Juárez, Juárez…” él correspondió con una faena monticular histórica. 

Juárez no olvida esa noche y tampoco los aficionados, y no es que en Nicaragua vivamos aferrados a los triunfos pasados o a las viejas historias de los grandes atletas de antaño, sino que hay victorias de tan gran significado y deportistas forjadores de tan grandes proezas que se vuelven imposibles de olvidar.