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En 1970, el beisbol casero se encontraba en la lona. Casi tanto como Manny Pacquiao derribado brutalmente por José Manuel Márquez aquella noche en que se escuchó un gemido de las Pirámides. Y es que al cerrarse las cortinas de aquel iluminado beisbol profesional en 1967, nos percatamos que no quedaba nada para sobrevivir, excepto unos pocos peloteros de nivel competitivo. El deporte de las bolas y los strikes se sumergió en las tinieblas, y el futbol bien apoyado, se abrió paso durante tres años apoderándose de la notoriedad, hasta que Carlos García decidió tomar las riendas provocando el resurgimiento. Fue en ese momento que descubrimos no tener suficiente material para reconstruirnos en el terreno aficionado. 

Con Feller y DiMaggio

Mientras eso ocurría, como ya lo he relatado, Carlos García batallaba por alcanzar la Presidencia de Feniba en poder de Gustavo Fernández, multiplicando esfuerzos alrededor de la Liga Paco Soriano. Cuando Carlos asume el control de la Federación en 1970, después de la derrota de Nicaragua ante Panamá en la excitante final del Campeonato CA de 1969, se organiza la primera liga de la nueva etapa de nuestro beisbol, y los aficionados salen lentamente de sus rincones para volver a volcarse sobre las tribunas, pese a lo discreto del nivel que se ofrecía. Nada que ver con el recuerdo de la Profesional cargada de figuras cumbres. 

“Voy a traer a Bob Feller y Joe DiMaggio”, me dijo Carlos García hace casi 48 años. Teníamos poco de conocernos porque yo comenzaba en la crónica deportiva. Tenía 26 años en ese 1970. No le creí. ¿Dos miembros del Salón de la Fama aquí, para inaugurar un torneo de beisbol de pantalones cortos? ¡Por favor! “Y vendrá también el comisionado Bowie Künh”, agregó Carlos, golpeando mi incredulidad en la mandíbula. ¡Diablos!, pensé, este tipo bromea con una imaginación que no tiene límites.

Chinandega campeón

Carlos García puso en marcha de inmediato un proyecto de resurgimiento de nuestro beisbol amateur. Así que volvió la fiebre con elemento estrictamente casero, lo que parecía improbable. Herradora era el zurdito del Managua y Vicente necesitaba crecer. Al arrancar nuestro beisbol de kilómetro cero, se contaba con la presencia de peloteros consistentes, ya establecidos, como Cirilo, Calixto Vargas, Calín Rosales, Julio Juárez, Sergio Lacayo, César Jarquín y otros. Con el decidido apoyo de la crónica deportiva, se provocó un gran interés.

Jugando en el viejo Estadio de Masaya, de maderas crujientes, el derecho Juan Oviedo sujetó al San Fernando, en tanto el Chinandega, encabezado por el líder jonronero del torneo Julio Lagos con 5, expulsaba a “Mama Moncha” para edificar una victoria por 5-2 y capturar  el gallardete. Entre los sucesos llamativos de ese primer certamen, Cirilo Herrington resultó campeón bateador con 320 puntos. Fue el único que pudo superar la barrera  de los 300, caso irrepetible en la pelota pinolera. El líder en efectividad fue el derecho Ángel Dávila con 0.93, en tanto en ponches, Sergio Lacayo registró un total de 142 completando 18 juegos con 15 triunfos y 7 blanqueadas. Una actuación cumbre el año en que comenzó a resurgir el beisbol pinolero.