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La espectacularidad en la NBA parece ser infinita. Noche tras noche la cabalgata de impacto no aplica pausa, salta a la vista y se extiende entre columnas de humo. Acabamos de vivir otro capítulo de Guerra de las Galaxias viendo en acción al “as” de los poderosos Rockets de Houston, James Harden, esa combinación de fiereza y sutileza con barba, frente a los Clippers, casi al mismo tiempo, que el fenomenal LeBron James, piernas, corazón y cerebro de los Cavaliers de Cleveland, realizaba una maniobra fantasiosa contra los Sixers. Los ojos permanecen agrandados mientras vemos una y otra vez las imágenes de ambos.

Existe sí, una llamativa diferencia. Entre los Rockes, Harden se siente un Aquiles. A su talento, destreza e incidencia, le agrega el funcionamiento de un equipo que puede convertirse en el nuevo Campeón de la NBA, obviando la presencia de los Warriors; en tanto, entre los Cavaliers que perdieron a Kyre Irving, se frustraron con Isiah Thomas, tienen lesionado a Kevin Love y sancionado a JR Smith, el destructivo fabricante de huracanes que es James, se muestra necesitado de compañía, mientras su equipo, tres temporadas consecutivas finalista, con un título, flaquea como una locomotora agotada. 

Par de asombros

Frente a los Clippers, la penetración fulminante con movimiento desconcertante de Harden, hizo tropezar a Wesley Thomson con sus propias piernas, y caer. Harden lo quedó viendo en el piso, como Cassius Clay a Sonny Liston, y desde afuera, mientras se escuchaba cómo los alientos eran sostenidos, con una frialdad de pistolero, salía de su calma provoca escalofríos, para acertar ese disparo de tres puntos que enloqueció a la multitud. El seguro líder anotador y  Más Valioso de esta temporada metió sus pulgares a cada lado de su camiseta y la hinchó de satisfacción.

Al día siguiente, dando la impresión de hacerlo a propósito, LeBron, el jugador que cubre la NBA con la inmensidad de un oceáno se encontró con la oportunidad dorada de realizar una maniobra fantástica. Bloqueado en su proyección por dos rivales, y afectado por la incomodidad en la que se vio inmerso su compañero Tristan Thompson, LeBron frenó, hizo un movimiento giratorio por su espalda intentando un autopase imporobable, el balón pasó entre las piernas de Thompson, LeBron fue hacia él, lo tomó y continuó hacia el cesto, para colocar con exactitud milimétrica, una bandeja apropiada para jugador zurdo, que no es él. 

James encumbrado

Cada juego con componente de rivalidad personal con cualquiera de los otros superastros, sin importar la larga inseguridad de los Cavaliers, encumbra a LeBron. Parece no estar afectado por los tropiezos del equipo, conservando intacta su grandeza con un nivel competitivo espoleado por la desesperación, ya sea contra Durant y Curry, frente a Anthony Davis, tomando el reto de Kyrie Irvin o de Antetokounmpo, fajándose con Westbrook, George y Anthony, o midiéndose con James Harden. Ese espíritu de lucha y la confianza proporcionada por la certeza de su destreza, lo encumbran manteniéndolo en la cima de la montaña.