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“¡Ah, si Messi juega para nosotros, ganamos 1-0!”, dijo resignado, con sencillez, Diego Simeone, técnico del Atlético de Madrid. Lamentablemente, el mejor jugador del mundo, capaz de ejercer una gran incidencia, de realizar maniobras milagrosas y de ejecutar disparos fantásticos, como sus tres últimos tiros libres en juegos consecutivos frente al Girona, Las Palmas y el Atlético, está al servicio del Barcelona.

Su tiro libre de rosca provoca escalofríos en el minuto 25, estableció la diferencia. Hasta Godín lo aplaudió, mientras el planeta de pie, una vez más permanecía con la boca abierta. ¿Lo viste? Eso se preguntaron en Londres, París, Roma, Tokio y hasta en Nueva York. Incluso nosotros. Recibí un par de llamadas que me preguntaban lo mismo: ¿Lo viste?

Cada vez que Messi toma un balón o va a ejecutar un tiro libre, el mundo se detiene. Y en el minuto 25, ahí estaban separados por unos 20 metros, con una barrera en medio, el considerado mejor arquero del mundo, el esloveno Jan Oblak y el más temido franco-tirador, Lionel Messi.

Hasta ese momento, pese al mejor manejo de pelota del Barsa con el accionar de Iniesta, la firmeza de Busquets, los desbordes de Jordi y Sergi Roberto, el aporte de Coutinho, la presencia amenazante de Suárez, el radio de cobertura de Rakitic, y el andar de Messi, el suspenso cobijaba cada instante del juego. El Atlético atrás, con todos los espacios controlados, sin perder de vista a Messi, apostaba al contragolpe con Griezmann y Costa ansiosos, aunque sin municiones.

El momento cumbre

Entre los postes, Oblak intrigado sobre qué intentaría Messi, después de su tiro libre “marca” láser a La escuadra izquierda, y el rasante, aprovechando el brinco de la barrera, se arqueó, abrió sus brazos, mostró sus garras y la tensión de sus piernas, casi lo elevaba. Parecía estar listo para todo, excepto para el golpeo con efecto del argentino.

El balón volaba majestuosamente en busca de la escuadra derecha, y Oblak también lo hacía en el intento de la atajada espectacular. Y casi la logra. Arañó la pelota, pero no forzó el desvío requerido.

Leo Messi anotó ayer su gol 600. EFE/END

Las redes se estremecieron y el aullido de la multitud fue ensordecedor, mientras la pizarra se movía 1-0. No hubo más goles. No fue necesario pese a que el suspenso estuvo presente minuto a minuto. ¿Cómo sospechar que ese disparo sellaba el triunfo que el equipo azulgrana necesitaba con tanta urgencia?

Excesivo el respeto mostrado por el Atlético en el primer tiempo, olvidándose rápidamente de la presión arriba que utilizó en el inicio del juego. Sin apurarse, el Barcelona se estableció y consiguió salidas limpias y llamativas proyecciones, pero no penetraciones en el área siempre poblada y defendida con uñas y dientes por los mastines de Simeone.

Las faltas, consecuencia de la agilidad azulgrana, proporcionaron posibilidades que no permitían los tiros de esquina. Y en el minuto 25, Messi es fauleado por el incansable Thomas. La segunda oportunidad dorada fue aprovechada, y con la estocada, se adelantó el equipo catalán. La salida de Iniesta entrando Andrés Gómez, le restó flexibilidad a los avances del Barcelona, pese a que Coutinho se estaba moviendo por la izquierda con mayores espacios.

Ni Costa, ni Griezmann

El repliegue del Atlético, que mantuvo sin municiones a Costa y Griezmann, se terminó en la segunda etapa. Había que buscar el empate para poder optar a la voltereta, pero cuidado, el Barsa aún desconectado con su línea de fuego dibujando trazos, era una amenaza latente con las contras, y por lo menos tuvo tres cargadas de peligro…

Valverde no consiguió del banco esa mejoría o mantenimiento que logra el Real Madrid, y tuvo que resignarse sin Iniesta a coexistir con la inseguridad, en cambio, la entrada de Correa inyectó profundidad al Atlético, aunque sin habilitar y mucho menos acelerar a Costa y Griezmann.

El FC Barcelona tiene el título en la mira. EFE/END

Eso sí, no hay tranquilidad cuando el suspenso se balancea en una hamaca, pendiente de los imprevistos, y aunque Paulinho reemplazando a Coutinho, pasó discretamente, el Barsa sobrevivió a la presión que le aplicaron con recuperación y avances, aunque sin disparos.

El 1-0, después de tres empates en cinco juegos, fue adorable para Valverde. Desvanecida la posibilidad de ver al Atlético acercarse a 2 puntos, el Barcelona tiene 8 de ventaja.

No es una diferencia definitiva pero es de mayúsculo significado faltando 11 fechas para la caída del telón. Voy a apagar la computadora. Estoy de regreso al gol de tiro libre logrado por Messi y escuchp que alguien me pregunta: ¿Lo viste? Sí lo vi.